¡Oh mercado mío!
Sin embargo, al parecer, no le son suficiente estos tributos. El todopoderoso ha enviado a la fealdad a reinar a la tierra, ha dictaminado que nuestro cuerpo es una carga y toda persona, sea bella o poco afortunada, debe ocuparse en limpiar este pecado original. Ahora hombres y mujeres por igual nos debemos sentir feos y se ha vuelto un poco difícil relacionarnos, pues somos una vergüenza incluso para nosotros mismos, e indignos el uno del otro. Esta horripilante cruz que cargamos puede en parte ser redimida por medio del consumo, y hay soluciones para todos los males. ¡Es brillante! Los cuerpos pueden ser fácilmente modificados y los males ocultados por tantos productos que con su infinita amplitud el todopoderoso ha puesto a nuestra disposición, aunque solo tienen acceso a ellos los que más éxito tienen. De hecho, las grandes personalidades exitosas nos han marcado el camino hacia el mejor de los éxitos y no nos debemos siquiera ocupar en pensar y así nos podemos dedicar más fácilmente al hacer: los modelos de identificación son tan claros y tan ampliamente promocionados que la siguiente generación puede nutrirse de su encanto y sabiduría en la televisión, la música ¡en todos lados!
También, el dios supremo, mostrándonos el camino correcto, ha dado las órdenes de que los recursos terrenales deberán ser entregados incondicionalmente a los particulares más exitosos, quienes los venderán al resto de la población, o al menos a aquellos que puedan pagar. Los iluminados nos enseñan que la privatización es la vía que nos llevará al desarrollo.
Pese a nuestros esfuerzos, las cosas aparentemente lucen peor, pero no pierdo la esperanza que sea solo un mal momento y que la confianza, junto con la esperanza, la recuperemos en muy poco tiempo. Sin embargo no me dejo de preguntar cuántos sacrificios de más tendremos que hacer… ¡OH MERCADO MÍO! ¿Que hemos hecho para merecer esto?
Y es que nunca en la historia existió un dios tan anti-humano, excluyente, autoritario, selectivo, criminal, anti-valores, y de tal perversión como el del mundo contempor áneo. Aquel gran titán decide quién tendrá vos y quién no, quién será feliz, quién será educado, quién será excluido, quién morirá de hambre o de sed, quién podrá viajar, quién será obligado a convertirse en esclavo, quién dominará, quién trabajará, quién le llevará pan a sus hijos, quién será retribuido por sus esfuerzos, quién disfrutará de qué…



