Hipnosis es Comprensión y la Comprensión es Sabiduría y Liberación.

EL PODER CURATIVO DE LA COMPRENSIÓN
Por Brian Weiss
[Cita del capítulo 6 del libro “Los mensajes de los sabios”]
«Todo es amor… Todo es amor.
El amor lleva a la comprensión.
La comprensión lleva a la paciencia.
Y entonces se detiene el tiempo.
Y todo pasa aquí y ahora.
Las regiones más profundas de nuestra mente no están sujetas a las leyes temporales normales. Sucesos del pasado remoto pueden afectamos todavía con una aguda inmediatez. Las heridas del pasado influyen en nuestro humor y en nuestra conducta como si nos las hubieran infligido ayer, y a veces su fuerza aumenta incluso con el tiempo.
La comprensión puede ayudar a cicatrizar esos traumas del pasado. Dado que la mente más profunda no está sujeta a las condiciones habituales del tiempo y el espacio, los sucesos del pasado pueden rescribirse y reformularse. La causa y el efecto no están ligados tan inexplicablemente. Los traumas pueden deshacerse y los efectos perjudiciales, invertirse. Puede darse una curación profunda, incluso cuando se interpongan grandes distancias o hayan pasado muchos años de dolor y sufrimiento.
Del mismo modo que el amor aporta una profunda curación a las relaciones, la comprensión comporta una reducción del miedo. La comprensión abre una ventana por la que la brisa del amor se lleva suavemente las dudas y las ansiedades, refresca el alma y nutre las relaciones.
Los miedos suelen referirse a hechos que ya han sucedido, en esta misma vida o en otras muy anteriores.
Como nos hemos olvidado, proyectamos esos miedos en el futuro pero, en realidad, lo que tememos ya ha terminado, Lo único que tenemos que hacer es recordar, despertar al pasado.
Una paciente dice que espera que funcione en ella la terapia de hipnosis. Brian Weiss responde:
“Yo también lo espero, aunque soy consciente de que es algo más que un tratamiento, es una forma de comprender cómo funciona la vida y cómo se van renovando las relaciones. Es una forma de darse cuenta de que nunca perdemos de verdad a nuestros seres queridos. Ahí están esas dos personas, trescientos años después, vivas y sanas en nuevos cuerpos, compartiendo sus vidas y su amor otra vez”.
La comprensión es lo que cura, la toma de conciencia es lo que cura, y a través de ella se renueva eternamente el amor y se manifiesta.
Una mujer escribe a Weiss sobre una experiencia de autohipnosis en que visualizó una situación ubicada en 1679, cuando bajo una identidad francesa con el nombre de Marie-Claire perdió a su cónyuge, con quien se encuentra y renueva esa relación de pareja 300 años después, en el siglo XX. Y dice Brian Weis ejemplarizando ese relato:
Esas dos personas no han vuelto a encontrarse por accidente ni por casualidad. El destino dictó delicadamente el redescubrimiento de su amor. Antes de volver a nacer en sus cuerpos actuales, ya habían acordado conocerse en determinado momento de sus vidas. En realidad no se trataba de conocerse, sino de reconocerse a un nivel más profundo como almas gemelas atemporales. A partir de entonces tenían que tomar decisiones sobre el futuro de su relación en esta encarnación. ¿Interferirían sus egos, sus mentes lógicas, formadas por la familia y la sociedad, con la conciencia de sus corazones, una conciencia despertada por el reencuentro con un alma gemela? ¿Se impondrían sus corazones, por encima de los obstáculos de la mente consciente?
Estaba escrito que resurgirían determinados miedos y pautas, en el caso de ella el miedo «irracional» a una separación no deseada y trágica, porque ese trauma había sucedido trescientos años antes en Francia. Como al principio no recordaba ese hecho, aunque la memoria inconsciente de su alma se acordara bien de él, tenía miedo de que pasara en el presente o en el futuro.
Una de sus labores kármicas era superar su miedo a la separación mediante la comprensión de que el amor es una energía absoluta, que el amor no termina nunca, ni siquiera con la muerte del cuerpo físico. Siempre nos re encontramos con los seres queridos, sea en este lado o en el otro.
Aunque su alma lo sabía, al nacer en esta vida olvidó sus conexiones anteriores con su novio. Su labor era acordar la inmortalidad del amor, utilizar ese conocimiento para superar sus miedos.
Ese conocimiento saltó del corazón a la mente cuando escuchó la cinta que había grabado siguiendo las instrucciones de mi libro y recordó aquella vida en Francia. En aquel momento lo supo a todos los niveles e inmediatamente se deshizo del miedo del pasado y del presente.
Ya podía amar con libertad. No tenía que guardarse nada, por miedo a perder el amor.
La experiencia e esa joven es un excelente ejemplo de que antes de nacer ayudamos a organizar y reparar esas oportunidades de aprendizaje de nuestras vidas, los puntos de destino que nos ayudarán a comprender, a damos al amor y a renunciar al miedo. En la concepción de nuestros planes de aprendizaje nos ayudan energías divinas, espirituales. Algunas sensaciones de déjà vu representan el recuerdo superficial de nuestro plan prenatal a medida que va haciéndose realidad en estado físico en el momento y el lugar designados durante el desarrollo de nuestras vidas. Nos acordamos. Es sumamente importante prestar mucha atención a las coincidencias, a las sincronías y a las experiencias de déjà vu de nuestras vidas, ya que suelen representar la convergencia de nuestro plan espiritual y del sendero real por el que transitamos durante nuestra vida.

RELIGIONES

Al recordar, ya sea a través de evocar vidas anteriores, sueños, experiencias de déjà vu, coincidencias o sincronías, ya sea de forma espontánea, durante momentos espirituales o acontecimientos místicos o de cualquier otro modo, empezamos a comprender.
Al ir comprendiendo nos deshacemos de los miedos.
Al ir deshaciéndonos de los miedos, desaparecen los obstáculos que nos impiden alcanzar el amor y éste fluye con libertad en nuestro interior y entre nosotros.
Suelen preguntarme cómo se sabe si un «recuerdo» es real o producto de la imaginación o de la fantasía. Lo interesante es que desde el punto de vista terapéutico no parece que tenga importancia. La gente mejora; sus síntomas desaparecen. Ni siquiera importa si el paciente o el terapeuta cree en la existencia de vidas anteriores. Sin embargo, de acuerdo con una encuesta de 1994 de USA Today/CNN/Gallup, un 27% de los estadounidenses cree en la reencarnación. Probablemente esa cifra sea significativamente superior en la actualidad. El 90% cree en la existencia del cielo.
Sin embargo, si pensamos en la convalidación sí importa. Como médicos y científicos, nos gustaría saber qué recuerdos son reales y cómo diferenciados de las fantasías.
A veces esa diferenciación es sencilla. La persona que demuestra xenoglosia, es decir, que habla un idioma que le es ajeno, que no ha aprendido nunca, ha entrado posiblemente en contacto con una vida anterior auténtica. De no ser así, tiene una capacidad psíquica extraordinaria. Si en esos casos se trata de verdad de una vida anterior, suele verse claramente durante la regresión. Otra pista puede ser que una persona demuestre un conocimiento detallado de un período histórico concreto que no haya estudiado nunca. Si se da un síntoma extraño Y anacrónico, como un miedo actual a la guillotina, con una subsiguiente regresión a una vida a finales del siglo XVIII, podría ser otra clara indicación.
Los recuerdos que parecen reales suelen tener además otras características. Acostumbran ser vívidos y frecuentemente más visuales que las fantasías. La persona se involucra más emocionalmente y se ve en la escena, que se desarrolla como una secuencia cinematográfica y suele ser familiar. El panorama de la vida anterior refleja temas y problemas presentes en la actual. Esos problemas o síntomas, que pueden ser físicos además de psicológicos, acostumbran mejorar o resolverse tras el recuerdo. Asimismo, la escena de la regresión no se altera por las sugerencias del terapeuta. La escena tiene vida propia y los detalles se vuelven cada vez más claros con la repetición.

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Otra pregunta que se me hace con frecuencia es si los recuerdos de vidas pasadas pueden explicarse como parte de la memoria genética o no. Es decir, ¿proceden esos recuerdos de nuestros genes y cromosomas, del material genético o reproductor que heredamos de nuestros padres, que a su vez lo heredaron de los suyos, etcétera, etcétera, hasta llegar a nuestros antepasados más remotos?
Aunque es cierto que algunos recuerdos generales podrían heredarse genéticamente, no creo que la mayor parte de los recuerdos de vidas anteriores tenga ese origen. Existen varias razones en tal sentido:
1. Muchos de mis pacientes han recordado existencias anteriores en las que morían siendo niños o sin hijos, sin haber transferido ningún material genético. Los recuerdos de esas vidas sin hijos son bastante detallados y vívidos.
2. La concreción de los recuerdos puede ser extraordinaria. Un paciente puede recordar una escena de una batalla de la Edad Media y descubrir exactamente qué soldado era de entre los diez mil que había en el campo. Las heridas de ese soldado concreto suelen coincidir con un mal que le aqueja en esta vida y que por lo general empieza a resolverse tras el recuerdo de la escena. No parece lógico esperar tal grado de concreción de recuerdos genéticos. Ni siquiera los conceptos de inconsciente colectivo o de memoria racial pueden explicar los recuerdos extraordinariamente detallados que suelen aportar los pacientes. Los recuerdos evocados no son de Arquetipos o categorías amplias, sino de los detalles más nimios, a menudo acompañados de fuertes sentimientos o emociones.
3. Muchos recuerdos ocurren fuera del cuerpo físico, y allí no hay material genético. Por ejemplo, en el caso citado anteriormente (que es la experiencia real de un paciente), parte del recuerdo sucede tras la muerte física, cuando la persona flotaba encima de su cuerpo y observaba la escena que tenía debajo. Contempló el cuerpo que acababa de abandonar, su estado y sus heridas, así como todo el campo de batalla y lo que seguía sucediendo mientras la lucha progresaba y llegaba a su fin. Durante esos momentos en que estuvo por encima de su cuerpo también tuvo emociones y pensamientos.

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Recordar: la clave de la felicidad en esta vida.
Estar en un estado físico es algo anormal. Estar en estado espiritual es natural en nosotros. Cuando vuelven a enviarnos a un cuerpo, es como si nos devolvieran a algo que no conocemos. Tardaremos más.
En el mundo de los espíritus tienes que esperar y luego te renuevas. Hay un estado de renovación. Es una dimensión como las demás.
Todos somos espíritus… Algunos están en estado físico y otros, en un período de renovación. Y otros son guardianes. Pero todos pasamos por eso. También hemos sido guardianes.
Recordar que somos almas, que somos inmortales que existimos siempre en un vasto mar de energía es la clave para llegar a la alegría y a la felicidad. En ese mar energético, toda una serie de espíritus que están para ayudamos nos conduce por el sendero de nuestro destino, nuestro viaje evolutivo hacia la conciencia de Dios.
No competimos con ninguna otra alma: nosotros tenemos nuestro sendero y ellos el suyo. No se trata de una carrera, sino de un viaje de grupo en cooperación hacia la luz de la conciencia. Las almas que han progresado o evolucionado más tienden una mano con amor y compasión a las que se han quedado atrás. La última alma que completa su trayecto no vale menos que la primera.
Un problema concreto en esta escuela que llamamos Tierra es que aquí es muy difícil recordar que somos almas y no simples cuerpos físicos. Constantemente nos distraen las ilusiones y las desilusiones de este planeta tridimensional. Nos enseñan que el dinero, el poder, el prestigio, las posesiones materiales y las comodidades tangibles son de suma importancia y a veces incluso el motor de nuestras vidas. Nos enseñan que para ser felices, los demás tienen que apreciarnos o respetamos. Estar solo, se nos dice, es ser desgraciado.
En realidad somos seres inmortales que no mueren nunca y que nunca se separan energéticamente de los que aman. Tenemos almas gemelas y familias espirituales que son eternas. Los espíritus guardianes nos guían y nos aman siempre. Nunca estamos solos.
Al morir no nos llevamos las «cosas» que poseemos. Nos llevamos nuestros actos y nuestras obras, los frutos de la sabiduría de nuestro corazón.
Cuando despertamos a la idea de que todos somos seres espirituales, cambian nuestros valores y por fin podemos ser felices y estar en paz. ¿Qué diferencia hay esta vida entre tú y yo si tú eres rico y yo no? Sólo pueden conservarse los tesoros del espíritu. ¿Qué diferencia hay si tú eres poderoso y yo no? La felicidad no tiene sus raíces en el poder o la fama, sólo en el amor. ¿Qué diferencia hay si los demás te aprecian y te respetan más que a mí? Puede que yo tenga el coraje de decir y vivir la verdad, y la verdad pocas veces acarrea simpatías. La felicidad nace en nuestro interior, no en el exterior, no del reflejo de lo que creen los demás de nosotros. Los celos son veneno para el alma.
Así pues, nuestro objetivo es recordar, despertar. Puede que una historia o un párrafo de este libro estimule su memoria, le haga despertar al remover algo, estimule su conciencia. Para mí sería una noticia extraordinaria.

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Quizás un motivo por el que no hay más gente que tenga recuerdos espontáneos de sus vidas pasadas es porque el aprendizaje en el cuerpo físico es una prueba sobre el terreno. Tenemos que aseguramos de que nuestros beneficios y conocimientos espirituales estén arraigados en nuestra propia esencia. Si somos pacíficos sólo porque el recuerdo de una vida anterior plagada de brutalidad nos hace temer consecuencias futuras de una conducta parecida, no hemos aprendido la lección del todo. Aprendemos la lección si practicamos la no violencia porque sabemos desde el corazón que la violencia en sí está mal.
No creo, sin embargo, que no debamos tener acceso a esos recuerdos. A través de la hipnosis es mucho más fácil recordar, se recuperan las lecciones desde una perspectiva superior, se alivian los síntomas y puede acelerarse espectacularmente la comprensión espiritual.
En la hipnosis, la persona es una observadora, además del individuo observado. En realidad, mucha gente en estado de trance contempla el pasado como quien ve una película. La mente consciente funciona siempre y observa lo que se experimenta mientras se está hipnotizado. A pesar del profundo contacto subconsciente, la mente puede hacer observaciones y críticas y censurar. Por eso la gente que se halla en estado hipnótico y se involucra activamente en una secuencia de recuerdos de la infancia o de una vida anterior puede responder a las preguntas del terapeuta, hablar como en su vida actual, conocer los lugares geográficos que ve e incluso saber el año, que a menudo aparece en el interior de los ojos como un destello o simplemente se presenta en la mente. Así pues, la mente hipnotizada, que siempre conserva una conciencia y un conocimiento del presente, pone los recuerdos de la infancia o de una vida anterior dentro de su contexto.