¿Estamos poseidos? Paul Levy. 4a Parte

Traducido de Gladys Molina del artículo original de Paul Levy; «Are We Possessed?»

Jung nunca se cansó de advertir que el mayor peligro que enfrenta la humanidad es caer inadvertidamente en nuestro inconsciente en masa, de forma que nos convertimos en instrumentos para que una epidemia psíquica cause estragos en el mundo, tal como lo vemos hoy en día. (por favor, ver mi artículo «Diagnóstico: Epidemia Psíquica«).

Jung escribe que las epidemias psíquicas «…son infinitamente más devastadoras que la peor de las catástrofes naturales. El peligro supremo que amenaza a individuos, así como a naciones enteras es un peligro psíquico.«

Comentario: nuestros lectores más incondicionales notaran que esta idea de una epidemia psíquica y las terribles consecuencias que puede ocasionar a nuestro planeta ha sido tratada en numerosos Enfoques SOTT.No se puede acabar con el mal si antes no lo hemos comprendido y ese es el principal objetivo de SOTT, comprender «el mal», e intentamos apoyar nuestras convicciones desde todas las disciplinas posibles. Así que, para aquellos lectores que encuentren estas ideas de Levy muy abstractas, poco prácticas o demasiado espirituales, la Ponerología Política de Andzrej Lobaczewski plantea, desde una perspectiva científica, un estudio metodológico del origen del «mal» y de cómo se llega finalmente a esta «Epidemia Psíquica».

Y ahora disfruten de la lectura de esta última parte, donde Paul Levy guarda para el final una «sorpresa» esperanzadora.

Estamos en medio de una psicosis colectiva que se ha vuelto tan normalizada que muy pocas personas ni siquiera hablan de ello, que es en sí mismo una expresión de nuestra locura colectiva. (Por favor véase mi artículo «¿Por qué no vemos nuestra locura colectiva?«) Jung escribe:

«…las psicosis colectivas se basan en un arquetipo constelado, aunque, por supuesto, este hecho en absoluto se tiene en cuenta. En este sentido, nuestra actitud se sigue caracterizando por una inconsciencia prodigiosa.»

Una vez que se activan los contenidos arquetípicos en el inconsciente, Jung elabora, es como si «hubieran tomado posesión de ciertos individuos, irresistiblemente uniéndolos mediante la atracción mutua y tejiéndolos en grupos pequeños o grandes que fácilmente podrían engrosar en avalancha.»

La gente que ha caído en su inconsciente naturalmente se atrae y conecta entre sí, mientras recíprocamente refuerzan la locura ajena. Se consigue conjurar una burbuja compartida impenetrable de creencias rígidas en torno a ellos que desvía y resiste cualquier auto-reflexión que amenace su punto de cosmovisión fija. Cualquiera que les refleje de vuelta su estado inconsciente es demonizado y visto como hereje, blasfemo y enemigo. 

Aunque usa a individuos como sus instrumentos, el mal necesita las masas inconscientes para su génesis y proliferación en el escenario mundial. Las masas siempre están engendrando caldos de cultivo de epidemias psíquicas. En una psicosis colectiva hay una mentalidad de rebaño, donde la gente deja de pensar por sí misma permitiendo que otros piensen por ellos, como ovejas («borregos») que sólo siguen a donde quiera que sean dirigidos.

Jung escribe que quien compre el acordado conjunto de pensamiento de grupo «está infectado con la lepra del pensamiento colectivo y se ha convertido en un recluso de esa insalubre finca de siembra llamada el Estado Totalitario

Cuando cedemos nuestro poder, siempre hay alguien portando la autoridad del Estado quien estámás que contento en aceptar nuestra ofrenda, alimentando la insaciable voluntad de poder de la sombra. Jung comenta:

«El bastón del pastor pronto se convierte en una barra de hierro, y los pastores se convierten en lobos.»

Siendo arquetípico, el proceso recíproco de las personas regalando su poder a otras personas que lo abusan, simplemente porque pueden hacerlo, se ha estado recreando continuamente a lo largo de toda la historia.

Jung nos advierte que «Las cosas más peligrosas del mundo son inmensas acumulaciones de seres humanos que son manipulados por unas pocas cabezas.»

En una psicosis colectiva, los muchos son manipulados por los pocos que sienten atracción por mantener el poder sobre los demás. Jung señala que:

«El que prefiere el poder, está por lo tanto, en la visión cristiana, poseído por el diablo. El psicólogo sólo puede estar de acuerdo.»

En una epidemia psíquica, las masas, dirigidas e inspiradas por los pocos que están perversamente poseídos por y adictos a la necesidad del poder, conspiran en conjunto, apoyan y refuerzan mutuamente las creencias irracionales de los demás, las necesidades narcisistas y miedos, creando una cultura increiblemente loca.

Esta cultura, o falta de ella, es a la vez la causa y el efecto de su locura, ya que colectivamente encarnan la profecía auto-cumplida viviente. Se convierten en instrumentos mediante los cuales el DNL, el demonio no local, se reproduce, como una hidra de múltiples cabezas, en, como, y a través del campo.

Bendiciones Disfrazadas

Jung escribe: «Este estado de posesión se manifiesta casi sin excepción en el hecho de que los poseídos se identifican con el contenido arquetípico de su inconsciente, y porque no caen en la cuenta de que el papel que está siendo lanzado sobre ellos es el efecto de nuevos contenidos aún por entender, ejemplifican éstos concretamente en sus propias vidas, convirtiéndose así en profetas y reformadores [en el sentido negativo, como caer en una inflación megalómana].»

Las personas que han sido engullidas por el arquetipo y han caído en el inconsciente, en lugar de aclarar e integrar el significado de los contenidos inconscientes activados dentro de sí mismos, involuntariamente escenifican la dimensión simbólica mítica de «el papel que les está siendo lanzado» en forma concretizada, literal sobre el escenario de la vida.

Los nuevos contenidos se entienden cuando nos damos cuenta de que el rol que llega a través de nosotros tiene su origen en el propio inconsciente colectivo, como si estuviéramos interpretando un papel en un drama cósmico. Además de conferir sobre nosotros una opción de cómo queremos interpretar este papel, este descubrimiento también nos despierta a la identificación personal con el papel. La parte de nosotros que ha sido inconscientemente poseída se libera, creando más consciencia en el proceso.

Cuando llegamos a ser absorbidos por el inconsciente, por citar a Jung:

«…el inconsciente en gran medida expulsa y suplanta la función de la mente consciente. El inconsciente usurpa la función de la realidad y la sustituye por su propia realidad. Pensamientos inconscientes…se manifiestan en juicios inquebrantables sin sentido, sostenidos en la cara de la realidad.»

Cuando nos encontramos haciendo caso omiso a las pruebas fácticas y celebrando una creencia «mágica» que racionalmente sabemos de ser incierta, estamos bajo un hechizo, siendo «impulsados» por el inconsciente, que está en ese momento en el asiento del conductor. Los factores psíquicos que hacen posible la posesión son la sugestionabilidad, la falta de discernimiento crítico, la falta de voluntad o incapacidad de auto-reflexión, el miedo, y la tendencia a la superstición y prejuicios. 

Los contenidos que nos apoderan cuando somos poseídos por el inconsciente aparecen como fobias, afección exagerada, convicciones peculiares, idiosincrasias, planes obstinados, compulsiones y obsesiones, todos de los cuales no están abiertos a debate o corrección.

Los demonios trabajan a través de nuestra psique, «gestionando nuestras percepciones» de tal manera que somos incapaces de ver su influencia. Los demonios deslumbran, hechizan, y endemonian la consciencia de tal manera que nos cegamos a nuestra propia asumida perspectiva subyacente. Caemos bajo su hechizo cuando nos extasiamos por nuestra propia versión de la realidad, de tal forma que creemos que el mundo «objetivamente» existe como lo percibimos, separados de nuestra propia mente.

En otras palabras, caemos bajo el poder de los demonios cuando nos obsesionamos con nuestro punto de vista fijado no negociable e imaginamos que lo que estamos viendo objetivamente existe, en estado sólido, fuera de nosotros mismos, de manera aplicable a todos. Entonces atraemos hacia nosotros toda la evidencia que necesitamos para demostrarnos a nosotros mismos la verdad aparente de nuestro punto de vista evidente, lo que confirma el espejismo de que estamos separados de, y no participando en contribuir a crear la misma situación en la que nos encontramos, que estamos en última instancia, creando. A esto lo llamo «Síndrome Delirante Aparticipatorio», o SDA por sus siglas (Por favor véase mi artículo «Deliraciones de separación«).

Por otro lado, rompemos el hechizo de los demonios cuando nos damos cuenta de que cada momento de nuestra experiencia es inseparable de nuestra propia consciencia, que es reconocer la fluida, no objetiva y, por tanto, «naturaleza onírica» de la realidad. Al igual que figuras en un sueño, los demonios son nuestra propia energía, en última instancia hablando, y no separados de nuestra mente (por favor, ver mi artículo «Dios, la Imaginación«).

Al igual que un sueño, la forma en que observamos el mundo literalmente evoca, el mundo que estamos observando. Esto significa que es a través de nuestra consciencia en sí que podemos intervenir en la matriz subyacente de la creación y encontrar el punto de apoyo en el que podemos cambiar el sueño despierto que estamos teniendo, que es la «evolución en acción». Curiosamente, no nos habríamos despertado ni tenido esta realización sin la cooperación antagonista de los demonios, es decir, los demonios son secretamente aliados disfrazados, los catalizadores de consciencia apareciendo como adversarios, bendiciones disfrazadas (véase mi artículo «La Luz de la Oscuridad«).

No eres el único

Jung escribe: «La regla psicológica dice que cuando una situación interna no se hace consciente, ocurre exteriormente, como destino.«

En la medida en que no estamos conscientemente trabajando sobre la integración, a través del proceso de individuación, el contenido y conflictos inconscientes que se activan dentro de nosotros, es el grado en que estos contenidos psíquicos se manifestarán externamente y serán inconscientemente llevados a cabo colectivamente de una manera literal, concreta en el escenario mundial. Jung comenta:

«Uno no debe eludir este conflicto escapando a un estado prematuro y anticipado de redención, de lo contrario uno lo provoca en el mundo exterior. Y eso es del diablo

Un contenido psíquico activado no realizado conscientemente en el curso de la individuación se manifiesta externamente, donde es «ideado» en, como, y por el mundo exterior. Para utilizar la metáfora de Jung, el patrocinador de este proyecto o esta proyección es «el diablo.»

Jung dice: «Las potencias mundiales que dominan sobre toda la humanidad, para bien o para mal, son factores psíquicos inconscientes…Estamos inmersos en un mundo creado por nuestra propia psique.»

Esto trae a la mente diversas citas de la Biblia acerca de «poderes y principados» que gobiernan sobre la humanidad, que es la expresión metafísica equivalente de nuestra situación psicológica.

El Evangelio de Lucas, por ejemplo, tiene el diablo diciendo que los reinos del mundo están bajo su control (4:5-6). El Evangelio de Juan habla del diablo como «el príncipe de este mundo.» (14:30, 16:11). La primera carta de san Juan dice que «el mundo entero está bajo el poder del maligno.» (5:19). Pablo habla de Satanás (Gal. 1:04.; Cor 4:04) como «el dios de este mundo.». Tanto si lo llamamos un demonio o un factor psíquico inconsciente, la fuerza que nos gobierna está creada por una expresión de nuestra propia psique.

Reflexionando sobre la Primera Guerra Mundial, Jung dice:

«Cuando el destino, durante cuatro años enteros, juega una guerra de horror monumental en el escenario de Europa – una guerra que nadie quería – a nadie se le ocurrió preguntar exactamente quién o qué había causado la guerra y su continuación.»

Del mismo modo, en la actual «guerra contra el terror,» una guerra que nadie, o al menos muy pocas personas quieren, debe ocurrírsenos preguntar exactamente quién o qué ha provocado esta guerra y su continuación. Jung continúa:

«Nadie cayó en la cuenta de que el hombre europeo estaba poseído por algo que le privó de toda voluntad. Y este estado de posesión inconsciente seguirá sin inmutarse hasta que nosotros los europeos nos asustemos de nuestra ‘divina-omnipotencia’ [inflación]. Tal cambio solo puede comenzar con individuos, porque las masas son bestias ciegas, tal como las conocemos a nuestro pesar.»

El verdadero portador de la vida es el individuo. La transformación real no viene a través de los movimientos de masas, o nuevas leyes, sino a través de cambios en el individuo.

Hablando de los efectos de la identificación con el inconsciente y el ser poseído e inflado por éste, Jung escribe:

«Todo lo que supere un determinado tamaño humano evoca poderes igualmente inhumanos en el inconsciente del hombre. Demonios totalitarios son provocados.»

Como resultado de convertirse en demasiado unilaterales en un universo multilateral, los «demonios totalitarios» se «imaginan,» tanto en el inconsciente y, sincrónicamente, en el mundo exterior. Eventos en el mundo exterior son reflejos simbólicos de lo que estamos soñando en el interior de nosotros mismos (por favor, ver mi artículo «El Contagio del Microbio de la Syncronicidad«). Lo que esto significa es que la forma más eficaz para cambiar el mundo es cambiar nosotros mismos. Jung escribe:

«…los acontecimientos históricos de nuestro tiempo han pintado una imagen de la realidad psíquica del hombre en colores indelebles de sangre y fuego, y le han dado una lección de ejemplo práctico que nunca será capaz de olvidar si – y esta es la gran pregunta – ha adquirido hoy la suficiente consciencia para mantenerse al día con el ritmo frenético del demonio dentro de él.»

¿Seremos cada uno de nosotros, capaces de mediar, canalizar y transformar la energía demoníaca arquetípica que está fluyendo a través de nosotros, en creatividad de tal manera que podamos constructivamente construir un mundo nuevo? Esta es la pregunta en cuya respuesta descansa la futura supervivencia o la destrucción del mundo tal como lo conocemos.

Jung dice, «la humanidad, debido a su desarrollo científico y tecnológico, en medida creciente se ha entregado a sí mismo a los peligros de la posesión…El peor pecado del hombre es la inconsciencia…¿Cuándo vamos…con toda seriedad a buscar las vías y medios que le exorcicen, para rescatarlo de la posesión y la inconsciencia, y hacer de esta la tarea más vital de la civilización?»

¿Cuándo vamos a hacer «la tarea más vital de la civilización,» el exorcismo de los demonios que nos están poseyendo? En otras palabras, ¿cuándo vamos a hacer que nuestra tarea más vital sea «despertar

Jung vio esta manifestación demoníaca actual como expresión arquetípica de los trastornos potencialmente catastróficos que acompañan a las grandes transiciones de una época a otra. Cuando un arquetipo como el demoníaco aparece, tanto en nosotros mismos como en el mundo, las cosas se vuelven críticas, con posibilidades de bueno y malo por igual. De cómo resulten las cosas en realidad depende de cómo la consciencia responda ante la situación.

Durante una manifestación colectiva de lo demoníaco, tal como la que tenemos hoy en día, el gran peligro es un movimiento de masas en el que millones, o incluso miles de millones de personas caigan en su inconsciente juntos, encendiendo una epidemia psíquica que genera una guerra apocalíptica que hace estragos en la vida en la Tierra y destruye la biosfera del planeta (ver mi artículo «Las Dimensiones Arquetípicas de los Acontecimientos Mundiales«). Para citar a Jung:

«El inconsciente funciona a veces con la más increíble astucia, organizando ciertas situaciones fatales, experiencias fatales, que hacen que la gente despierte.»

La catástrofe sólo puede evitarse si suficientes personas se despiertan a lo que se nos ha revelado mientras escenificamos a través del inconsciente, y luego conectamos con los demás con el fin de des-activar, asimilar y transformar los posibles efectos perjudiciales del demonio activado. Podemos entonces, bajo la dirección del Ser, nuestra integridad intrínseca, ayudarnos unos a otros a marcar el comienzo de una nueva era de paz sostenible, la comprensión y la cooperación mutua.Nuestra existencia muy continuada como especie en este hermoso planeta depende de esta compresión. 

El ser pesimista y creer que no podemos cambiar la trayectoria del comportamiento suicida de nuestra especie en trance es estar bajo un hechizo, es estar caído bajo una «maldición del demonio.» Habiendo caído bajo tal hechizo, sólo fortalecemos y solidificamos nuestra hechizada convicción, actuando como si no hubieran otros resultados posibles. El pesimismo es alimento para los demonios (Véase mi artículo «Nuestra situación es grave y no hay necesidad de pesimismo«).

Es una locura no invertir nuestra energía creativa en imaginar que podemos «unirnos,» e igual locura el pensar que no podemos. Si no estamos invirtiendo nuestra imaginación creativa en formas para que podamos sanar y despertar, entonces ¿qué estamos pensando?

Al igual que en un sueño nocturno, cuando un número suficiente de nosotros estemos lúcidos en el sueño despierto de la vida, podremos conectar con los demás y juntar nuestra lucidez, cambiando el mundo de manera positiva en el proceso (por favor, ver mi artículo «Sueño Lúcido«).

Si la gente me dice que soy un «soñador» cuando yo profeso estas creencias idealistas y aparentemente ingenuas, me limitaré a decir que, en
palabras del fallecido John Lennon: «Yo no soy el único

Hay cada vez más cantidades crecientes de nosotros – ¿millones de personas? ¿Miles de millones? – por todo el planeta que, de diversas maneras están siendo reclutadas por el mismo Ser para ser canales de un proceso más profundo de despertar, facilitando una amplia gama de posibilidades totalmente nuevas y nunca antes imaginadas que se hagan disponibles para nosotros.

El universo está soñando despierto en sí a través de nosotros. Cuando un número suficiente de nosotros simplemente reconozca el profundo, patrón arquetípico que está sucediendo, es decir, que el universo se está despertando a sí mismo a través de nosotros, podemos «unirnos» e «imaginar,» y ayudarnos a profundizar y estabilizar nuestro mutuamente compartido despertar, lo que yo llamo «soñar despiertos.»

Como sanadores heridos, chamanes, soñadores y artistas cuyo lienzo es la vida misma, podemos crear conjuntamente un «Art-Happening Llamado Despertar Global

El verdadero demonio es nuestro aferramiento al yo. En la medida en que estamos bajo la influencia aparente de un demonio es el grado en que nos aferramos y agarramos, tratando de sujetarnos a nuestro concepto de nosotros mismos como un ser discreto y separado, cuando en realidad no hay nada (ninguna «cosa») a qué aferrarse. En la medida en que estamos aferrados o agarrados, hemos caído en el auto-refuerzo, el patrón habitual de contraer contra nosotros mismos, y al hacerlo estamos bloqueando nuestra propia luz. Podemos, en este mismo momento, salir de nuestro propio camino y dejar que brille nuestra luz. 

FIN

via: es.sott.net