¿Estamos poseidos? Paul Levy. 3a Parte

Traducido de Gladys Molina del artículo original de Paul Levy; «Are We Possessed?»

Describiendo la experiencia de ser dirigidos y asumidos por el inconsciente, Jung continúa:

«cada vez que un poderoso contenido emerge del inconsciente, que aún no podemos llegar a entender con nuestra conciencia, existe el peligro de que toda la consciencia del yo sea derribada hacia la inconsciencia y disuelta... La Consciencia es completamente vaciada, porque sus contenidos se sienten atraídos por el inconsciente como por un imán. Este proceso conduce a una pérdida completa del yo, de forma que la persona en cuestión se convierte en un mero autómata. Tal persona en realidad ya no se encuentra ahí. «

© The book of zombies

¿A cuántas personas conocemos, incluyendo a veces a nosotros mismos, que como zombis, compulsivamente y mecánicamente promulgan sus patrones habituales sin la espontaneidad y la creatividad, como un robot programado? Jung dice:

«Sólo se puede modificar la actitud propia y así salvarse de caer ingenuamente en un arquetipo y a ser obligados a tomar parte en comportamientos en detrimento de la propia humanidad. La posesión por un arquetipo convierte al hombre en una figura plana colectiva, una máscara tras la cual ya no podrá desarrollarse como un ser humano, sino llegando a estar cada vez más atrofiado.»

Cuando estamos poseídos por un arquetipo, es como si estuviéramos congelados en el tiempo, similar a lo que ocurre en un trauma, en el que nos obsesionamos en un punto de vista rigidizado que se refuerza a sí mismo. Nos identificamos inconscientemente con la «persona», la personalidad de fachada que hemos creado para la protección y la presentamos al mundo, no tenemos profundidad real, y dejamos de crecer y evolucionar.

El «alterar» o modificar nuestra actitud sería el salir de nuestra «alter-personalidad,» que es dejar de adorar el «altar» del falso yo de forma compulsiva y ritualista, y pasar a nuestro auténtico yo. 

Jung elabora sobre el proceso de caer bajo el hechizo de un arquetipo activado cuando escribe:

«…un arquetipo se moviliza dentro de él afectándole como un narcótico. Eso es típico, cuando te metes en una situación en la que se convierte en un arquetipo constelado, padecerás este peculiar efecto hipnótico, quedándote repentinamente dormido. Tiene una fascinación peculiar que te hace inconsciente. «

La imagen de Dorothy y sus amigos durmiéndose en el campo de amapolas cuando se acercan a la Ciudad Esmeralda en la película «El Mago de Oz» expresa simbólicamente esta situación arquetípica de caer bajo un hechizo cuando nos acercamos a lo sagrado.

Jung señala que «Las potencialidades del arquetipo, para el bien y el mal por igual, trascienden nuestras capacidades humanas muchas veces, y un hombre puede apropiar su poder sólo mediante la identificación con el demonio, dejándose poseer por él, renunciando así a su propia humanidad.»

Al identificarse inconscientemente con y ser poseído por el demonio, a nivel personal y humano renunciamos a nuestra humanidad y nos convertimos en una cáscara vacía. Al mismo tiempo, sin embargo, accedemos, y nos convertimos en canales de, e inflados por, una energía más potente, una energía arquetípica y no humana que nos atraviesa. Cuando estamos poseídos por un arquetipo, somos una yuxtaposición paradójica de cualidades subhumanas y sobrehumanas a la vez. Jung continúa:

«…cualquiera poseído por un arquetipo no puede dejar de tener todos los síntomas de una inflación. Porque el arquetipo es nada humano, ningún arquetipo es propiamente humano. El arquetipo en sí es una exageración y alcanza más allá de los confines de la humanidad…Así que cualquiera poseído por un arquetipo desarrolla cualidades inhumanas.»

Cuando llegamos a ser apoderados por un arquetipo nos inflamos, inconscientemente identificándonos con poderes divinos, olvidando al mismo tiempo nuestra humanidad. Jung aclara:

«…vemos el efecto característico del arquetipo: se incauta de la psique con una especie de fuerza primigenia y la obliga a transgredir los límites de la humanidad. Causando la exageración, una actitud engreída (inflación), la pérdida de la libre voluntad, lo ilusorio y el entusiasmo en el bien y el mal por igual.»

Interesantemente, uno de los significados de la palabra «maldad», etimológicamente hablando, es transgredir fronteras. Continuando con su descripción sobre el estado de estar poseído por un arquetipo, Jung dice:

«…cuando una persona tiene un contenido inconsciente – por ejemplo un determinado arquetipo se constela – entonces su consciencia, sin darse cuenta de lo que es, se llenará con la emanación o la radiación de ese arquetipo activado. Y entonces se comporta de forma inconsciente, como si él fuera ese arquetipo, pero expresa la identidad en términos de su personalidad del yo… Porque él inconscientemente juega un papel y trata de representar algo que él ha tomado como de ser su propio ser.»

Comportándose como si él, como yo, fuese ese arquetipo, juega a un papel arquetípico mítico y se identifica inconscientemente con él («al que ha tomado como de ser su propio yo»), engañándose a sí mismo, y potencialmente a otros, en el proceso. Jung continúa:

«Ves, el arquetipo inconsciente activado es como un sol naciente, una fuente de energía o calor que calienta la personalidad del yo desde el interior, y luego la personalidad del yo comienza a irradiar como si fuera Dios sabe qué.»

El arquetipo sin forma adquiere y se expresa a través de la forma limitada y particular de la personalidad del yo. El arquetipo activado transfigura el yo desde el interior a fin de adaptarse a sus propósitos. Jung continúa:

«Es un hecho psicológico el que un arquetipo pueda apoderarse del yo e incluso obligarle a actuar como él – el arquetipo – haciendo la voluntad del arquetipo. Un hombre puede adquirir dimensiones arquetípicas y ejercer los efectos correspondientes.»

Influir en el campo

© Desconocido

Fusionada e inflada por el hipnóticamente fascinante campo de fuerza del arquetipo, la gente así poseída se convierte en portavoces y amplificadores del arquetipo para transmitir y extenderse de forma no local, encarnándose por todo el campo de la consciencia. Jung escribe:

«las personas que constelan un arquetipo tienen tal efecto hipnótico.«

Las personas que son cautivadas por un arquetipo tienen un efecto cautivador sobre los demás, cuando estamos bajo la fascinación de un arquetipo, involuntariamente tenemos una influencia fascinadora sobre los demás. Jung señala que

«la identificación con una figura arquetípica presta fuerza casi sobrehumana al hombre común y corriente.«

Las personas poseídas por su inconsciente tienen un efecto magnético, carismático y «posesivo» sobre el inconsciente de los demás. La parte de ellos que está hechizada evoca la parte sugestionable y endemoniada correspondiente de la psique de los demás y la engancha, embelesándola y arrastrándola en su giro arquetípico. En otras palabras, cuando alguien está poseído por un arquetipo, son, literalmente el canal a través del cual ese arquetipo, tanto a nivel local y no local, se está materializando en el campo, que es decir, que ejercen gran influencia energética en su entorno. Jung dice:

«Pero el poder del arquetipo no es controlado por nosotros; nosotros mismos estamos a su merced a un grado insospechado… porque todo el mundo está ‘poseído’ en cierto grado por su preformación específicamente humana, está firmemente aferrado y fascinado por ello y ejerce la misma influencia sobre los demás sin ser consciente de lo que está haciendo. El peligro es precisamente esta identificación inconsciente con el arquetipo.»

Hasta el punto en que nos identificamos con y por lo tanto poseídos por el arquetipo, es la medida en la que no somos conscientes de la correspondiente influencia que tenemos en el inconsciente de los demás. Esta es una situación peligrosa porque estamos actuando inconscientemente, de tal manera que esto garantiza que vayamos a abusar de nuestras cuestiones de poder no resueltas en la medida en que permanezcamos inconscientes. Jung va directo al grano cuando escribe:

«Cuando alguien es capaz de realizar el arte de tocar en el arquetipo, puede aprovecharse de las almas de las personas como el que toca la cuerdas de un piano.«

La conexión con el arquetipo es como arrancar un acorde de mayores dimensiones de nuestro ser, que activa inmediatamente una resonancia en el inconsciente colectivo del que lo oye. Al igual que el péndulo con el swing mas fuerte arrastra a todos los otros péndulos en su apogeo, la persona que está canalizando el poder viviente de la fuerza arquetípica más profunda puede potencialmente en-colar y en-tranzar a otros.

Este poder puede ser usado para el bien mayor – en ayudar a las personas a despertar – o puede ser usado para el mal más profundo con el fin de manipular, des-empoderar y esclavizar a otras personas. Siendo arquetípica, esta energía fundamentalmente no es ni buena ni mala, pero potencialmente puede manifestarse en cualquier dirección dependiendo de nuestra intención.

Hablando del poder hipnótico del arquetipo, Jung escribe:

«Te trinca por debajo de la cintura y no en tu mente, tu cerebro simplemente no cuenta para nada, tu sistema nervioso simpático es agarrado. Es un poder que fascina a la gente desde dentro, es el inconsciente colectivo el que se activa, es un arquetipo común a todos ellos, que se ha avivado.»

Cuando se constela un arquetipo, la lógica racional y los hechos no tienen ningún efecto. La profunda emoción que es característica de un arquetipo activado garantiza que, en palabras de Jung:

«…la posibilidad de que la razón tenga algún efecto cesa y su lugar es ocupado por los lemas y las quiméricas de deseos y fantasías. Es decir, resulta en una especie de posesión colectiva que se desarrolla rápidamente en una epidemia psíquica.»

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El identificarse inconscientemente con un arquetipo es extremadamente peligroso, en cuanto a que está en la raíz de las psicosis, tanto individuales como colectivas. Nuestra tendencia a caer sin saberlo en las garras de un arquetipo, anima lo que está siendo escenificado en el teatro del mundo, es decir, que el origen de los acontecimientos mundiales es el inconsciente de la humanidad (por favor, ver mi artículo «Todo está en la psique«)

Jung escribe: «Nadie puede caer en la cuenta de un arquetipo sin primeramente haberse identificado con él.» Hablando de nuestra tendencia inicial para la identificarnos y llegar a estar enganchados por arquetipos activados, Jung continúa, «…no puedes ser consciente de ellos sin haber sido exhaustivamente capturado por ellos.»

Nadie puede entender su demonio sin primeramente haberse identificado inconscientemente con él, es decir, alcanzado por él, y por lo tanto, poseído por él. En el proceso de integración, tenemos que aprender a experimentar nuestro demonio arquetípico tanto desde el exterior como desde el interior. Experimentar el arquetipo desde el exterior significa experimentarlo de forma objetiva, como algo aparte de nosotros, que significa separarnos de él, porque un arquetipo, en palabras de Jung, «…puede ser verdaderamente entendido sólo si se experimenta como una entidad autónoma.» En última instancia, tenemos que ver ambos el arquetipo como objeto fuera de nosotros mismos, así como experimentar lo que se siente con relación a nosotros, lo cual es una experiencia dentro de nosotros mismos.

Tal vez haya una razón oculta en el plan más profundo de las cosas por la que, nosotros como especie, tenemos una tendencia a ser apoderados por nuestro inconsciente. Jung señala que «…los complejos autónomos están entre los fenómenos normales de la vida y conforman la estructura de la psique inconsciente

Tener complejos autónomos, o tener un demonio o dos de repuesto en el armario, es un fenómeno humano «normal,» algo que todos poseemos, al mismo tiempo que nos posee. Identificándose con nuestro inconsciente de tal manera que actuamos escenificando, es decir, estar poseídos, parece ser una expresión natural de la experiencia humana. ¿Podría haber un potencial evolutivo oculto, una teleología subyacente, un misterioso propósito u objetivo, que nos está poseyendo para que actuemos como lo estamos haciendo?

Tal vez estemos siendo ideados para ser los mismos instrumentos y parteras a través del cual los arquetipos se transforman, transforman al mundo y a nosotros mismos también. Ser poseído por el inconsciente es, paradójicamente, la forma en que aprendemos a no ser poseídos, que claramente aun no hemos aprendido todavía, o no estaríamos poseídos.

Al diferenciarnos del arquetipo, lo hacemos consciente, mientras nos creamos a nosotros mismos en relación a él. Al relacionarnos con el arquetipo de manera consciente, no caemos bajo la esclavitud del arquetipo, sino que somos capaces de mediar, humanizar y canalizar sus energías trans-personales y sus contenidos de manera constructiva, creativa y enriquecedora de la vida. A medida que nos conectamos con el otro a través de nuestra lucidez, podemos potencialmente convertirnos en un vehículo a través del cual los propios arquetipos se transforman y evolucionan, que instantáneamente y no-localmente, tiene un efecto transformador evolutivo por todo el campo entero de la consciencia colectiva.

Mitológicamente hablando, la figura del «aspirante a héroe,» que somos todos nosotros en potencia, siempre está habitada por un demonio. El tener un demonio instalado en nosotros es la misma cosa que «hace» de nosotros un héroe. Nuestra lucha heroica contra la garra paralizante del demonio es iniciática, en cuanto a que suscita nuestros latentes poderes creativos. El llegar a la concordancia y la lucha con nuestro demonio, es decir, con nosotros mismos, nos creamos a nosotros mismos. El demonio es la fuente de toda creatividad. Se necesita verdadero valor para hacer batalla con estas fuerzas internas y arrancarles el mítico «tesoro difícil de alcanzar,» que no es otro que nuestro ser de alma-llena. Jung comenta:

«Como consecuencia de la situación política y los espantosos, por no decir diabólicos, triunfos de la ciencia, somos sacudidos y estremecidos por secretos y oscuros presentimientos, pero desconocemos la salida, y muy pocas personas realmente extraen la conclusión de que esta vez el tema es el por largo tiempo olvidado alma del hombre.»

Cuando caemos en la cuenta de un arquetipo tal como el demoníaco, somos capaces, de adentro hacia afuera, de canalizar su poder trans-personal en un creativo, alma llena, espíritu vivificante que proviene de una fuente más allá de nuestro yo. Codificado en lo demoníaco está todo cuanto necesitamos para nuestra curación y auto-realización, como si lo demoníaco fuera una compensación del campo más unificado y unificador de la consciencia, que nos ofrece exactamente lo que se requiere para despertar. Los demonios son como máquinas nautilos psíquicas que soñamos para ayudarnos a desarrollar los músculos de la comprensión. Alquímicamente transmutando en el acto la potencial destrucción de lo demoníaco en estimuladores de nuestra propia lucidez creativa, damos a luz a nuestro demonio, nuestro guía espiritual. O más bien, en ese momento nuestro demonio nos da a luz a nosotros.

El caer en la cuenta de un arquetipo como lo demoníaco, es comprendernos a nosotros mismos como un agente activo y participativo en la creación de nuestra experiencia de nosotros mismos en relación con el mundo. Esta toma de consciencia viene con una gran responsabilidad.

Se nos ofrece una elección: o seguimos destruyéndonos a nosotros mismos, o aprendemos juntos cómo crear un nuevo mundo.

Todo depende de nuestro reconocimiento de lo que se nos está revelando mientras actuamos con nuestro inconsciente en el mundo. La emergencia de lo demoníaco en nuestro mundo es a la vez potencialmente y realmente la puerta de entrada y la revelación de la luz. Al ser una función de nuestra consciencia, el cómo se materializa lo demoníaco – cómo el mal destructivo más profundo, o cómo genio creativo, no depende de otra cosa que de cómo lo que soñamos. Jung comenta: «El arquetipo es espíritu o anti-espíritu, lo que en última instancia demuestra ser, depende de la actitud de la mente humana.»

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Cuando llegamos a ser poseídos por el inconsciente, somos inconscientemente asumidos por nuestros primitivos instintos, nuestros instintos animales, de tal manera retrocedemos, involucionamos y caemos en nuestra naturaleza inferior. Jung explica:

«Sólo el hombre animal puede ser poseído…Es más fácil hablar o discutir con un perro o una vaca que con alguien que esté poseído por tal figura. Porque no hay nada de lo que uno diga que impregne, y es imposible perforar la pared que levantan, es un muro de creencias inconscientes, y la gente detrás de la pared no puede ser alcanzada. Son totalmente inaccesibles. No hay acceso debido a que el ser humano se degrada al estado de un animal, y la cosa que parece funcionar no es un ser divino, es un fantasma.»

Me imagino que todos conocemos a personas así, personas que están bajo un hechizo de tal manera que realmente no hay dialogo con ellos, ya que perversamente ingieren e interpretan la reflexión que se le está ofreciendo de su inconsciencia como prueba de la exactitud de su punto de vista deludido.

Psicológicamente hablando, están poseídos, como si una «entidad» se hubiera hecho cargo, ellos ya no están ahí, y literalmente no tienen ni idea, de su circunstancia. Cuando un grupo de personas en esta condición llegan a un acuerdo sobre la «verdad,» y se convierten en miembros con carnet de un «ismo» dogmático, se está fermentando una psicosis colectiva en el caldero del inconsciente colectivo.

Continuar 4a parte.

via: es.sott.net