¿Estamos poseidos? Paul Levy. 2a Parte

Traducido de Gladys Molina del artículo original de Paul Levy; «Are We Possessed?»

Cuando «vemos» un demonio, cuando sabemos su nombre, ésto nos ayuda a conseguir «hacernos con» y controlar la situación. El nombrarlo es un ejercicio de exorcismo, ya que disipa el poder del demonio sobre nosotros. Jung dice:

«El acto de nombramiento es, como el bautismo, muy importante en cuanto a la creación de personalidad, porque un poder mágico se ha atribuido al nombre desde tiempos inmemoriales. El saber el nombre secreto de una persona [o de un demonio] es tener el poder sobre él.»

En otra parte, Jung escribe: «Para la humanidad siempre fue como una liberación de una pesadilla cuando se encontraba un nombre nuevo.» Encontrar el nombre es un acto de poder. Jung comenta:

«En el momento en que designes por su símbolo al arquetipo vivido, te sientes aliviado, es un momento bueno y positivo, aún siendo horrible…Por lo tanto, la antigua medicina egipcia consistía en dar a la cosas el nombre correcto…Un nuevo nombre siempre produce un efecto extraordinario, no podemos racionalizar estas cosas, lanzan un hechizo, son símbolos, y realmente influyen en el inconsciente como al igual que el inconsciente influye en nosotros

Es muy importante para nosotros el volver a introducir la palabra «demonio» y «posesión» de vuelta a nuestro vocabulario, sin el temor de que seremos vistos como primitivos, locos o incluso poseídos nosotros mismos si usamos esas palabras. Necesitamos ampliar nuestra fluidez psico-espiritual que nos permita navegar por las aguas vivas de nuestro paisaje interior y exterior.

El estar «endemoniado» – tomados por fuerzas psíquicas inconscientes – es algo que nos pasa a todos nosotros, y es nuestra gran ventaja la de ser capaz de nombrar correctamente nuestra experiencia. Encontrar el nombre nos empodera a comprometernos creativamente con estas partes de nosotros mismos que emergen desde las sombras «en el nombre de la curación.» 

¿Cómo hacemos una palabra? La «deletreamos» (spell=deletrear/conjuro/hechizo). En la búsqueda de las palabras de nuestra experiencia, estamos echando un «conjuro positivo,» cuya órbita no local e influencia son liberadoras. Somos entonces capaces de la conjugación consciente y de dar voz a nuestra experiencia, que es dar un paso hacia y acceder al espíritu creativo.

En el aprendizaje de formas nuevas y creativas para expresarnos, estamos disipando la maldición-(mal-dicción) bajo la que estábamos, de no ser capaces de simbolizar nuestra experiencia. Al aprender a deletrear/lanzar hechizos (spell=deletrear/hechizo) conscientemente, el mundo ya no está escrito en piedra, con nosotros como sus víctimas pasivas, cuando nos damos cuenta y aprovechamos el poder creativo y transformador de la Palabra, el Logos.

Como dice la Biblia: «Y primero fue la palabra. Y el Verbo era con Dios. Y el Verbo era Dios.» La creación de un nuevo lenguaje con el fin de re-crearnos a nosotros mismos nuevamente, nos adentra en las figuras arquetípicas del «Sanador Herido» y el «Artista Creativo.» En la animación de estas figuras arquetípicas, activamos y participamos creativamente en nuestro propio proceso evolutivo, ampliando y perfeccionando las formas en las que tel-empáticamente comulgamos y telepáticamente nos comunicamos entre nosotros, así como con nosotros mismos.

Además, parte del restablecimiento de la palabra «demonio» y «posesión,» como lleno de significado, es el de complementar estas palabras con la idea de que si tenemos una reacción y llegamos a ser «accionados» por estas palabras, la figura dentro de nosotros que se acciona o dispara podría ser el mismo demonio que nos está poseyendo (por favor, ver mi artículo «Accionado por el Mal«).

He acuñado el nombre de «Demonio no-local» («DNL» para abreviar) para «capturar» este elusivo, mercurial demonio no local que «ronda» nuestro mundo. Al igual que la acuñación de una moneda, cuando acuñamos una frase y encontramos el nombre, creamos moneda corriente en el reino de la mente con la que ejercer el comercio entre sí, así como con nosotros mismos. Esto es para generar consciencia, que es algo de valor genuino.

Una vez que vemos cómo el DNL opera clandestinamente en todo el campo subyacente de consciencia mediante la ocultación y ofuscación en y a través de nuestro inconsciente, enganchándose e insinuándose en nuestros puntos ciegos, hemos simultáneamente retirado su poder a la vez que nos hemos empoderado a nosotros mismos, creando una riqueza de nuevas formas que nos permite responder de manera creativa que previamente no estaban disponibles.

Siendo no-local, una de las formas en que el DNL se encarna es a través de nuestras re-acciones inconscientes internas, para encontrarse con la multitud de formas-alteradas y disfraces del DNL en el mundo exterior. La forma de tratar más eficazmente con un demonio es volver nuestra atención con valentía hacia lo que se desencadena dentro de nosotros. El texto gnóstico; El Evangelio de Felipe, dice:

«siempre y cuando se oculta la raíz de la maldad, permanece fuerte. Pero cuando se reconoce, se disuelve. Cuando se revela, perece… En cuanto a nosotros, excavemos tras la raíz del mal que está dentro de cada uno de nosotros y que produce sus frutos en nuestros corazones. Nos domina. Somos sus esclavos. Nos lleva en cautividad, para obligarnos a hacer lo que no queremos, y lo que queremos, no lo hacemos. Es poderosa porque no la hemos reconocido.» (II, 3, 83,5-30)

El origen de los demonios se encuentra dentro de nosotros mismos. En comparación a existir «en virtud» de algo, los demonios sólo pueden vivir por la «falta de virtud» de nuestras propias mentes oscurecidas y sin examinar. La cita Gnóstica anterior trae a la mente el famoso pasaje de Pablo en el Nuevo Testamento: «Lo que me gustaría hacer, no lo hago, y lo que no haría, lo hago.» (Romanos 7:15 Versión Rey Jaime), que es una expresión clara y sencilla de nuestra propensión humana para la posesión, si alguna vez la hubo.

Un complejo autónomo no-iluminado y no reconocido nos obliga a actuar diabólicamente en contra de nuestras mejores intenciones, como cualquiera de nosotros que hayamos luchado contra toda forma de comportamiento adictivo sabe por experiencia propia. El estar poseído por demonios es un problema tan antiguo como la humanidad.

Todos somos chamanes y curanderos potenciales, porque al metabolizar la oscuridad y asimilar nuestros propios demonios, les añadimos luz y «aligeramos» de manera no-local, la sombra colectiva para todo el mundo (por favor, ver mi artículo, «Todos somos chamanes-en-Formación.») Si los demonios no están integrados, tampoco lo está el alma humana, es decir, que la adopción e integración de nuestros demonios es fundamental para la evolución del alma. Jung sopesa: «¿Cómo se puede integrar el mal? Sólo hay una posibilidad: El asimilarlo, es decir, elevarlo al nivel de la consciencia.»

Elevar los demonios al nivel de la consciencia les resta su existencia autónoma, ya que vuelven a juntarse a la unidad profunda de la psique. Jung comenta: «Entonces el opus magnum [el ‘gran trabajo’ de la alquimia] está terminado, el alma humana está completamente integrada.» (Véase mi artículo «El Arte Sagrado de la Alquimia«).

LO DEMONÍACO

© render.ru

Para citar al señalado psicólogo Rollo May, lo demoníaco es «cualquier función natural que tenga el poder para hacerse cargo de toda la persona [o nación entera]…lo demoníaco puede ser tanto creativo o destructivo [es decir, demoníaca]…la violencia es lo demoníaco vuelto torcido…en épocas [como la nuestra] tienden a haber momentos en donde lo demoníaco se expresa en su forma más destructiva.»

Lo demoníaco no es una entidad metafísica objetiva existente en el sentido Cristiano, sino que es una función arquetípica de la experiencia humana, una realidad psíquica, así como una realidad existencial en la que todos participamos.

Lo demoníaco es una energía arquetípica que puede apoderarse de una persona, un grupo o una nación. Jung escribe:

«Sabemos que un arquetipo puede irrumpir con fuerza demoledora en una vida humana individual y en la vida de una nación.»

Los arquetipos son entidades dinámicas vivas, instintos psicológicos o campos de información de influencia que proporcionan la plantilla subyacente de los patrones humanos de comportamiento, percepción y experiencia. Lo demoníaco se anuncia mediante el reclutamiento de las personas a su servicio, alistando los seres humanos como instrumentos de su revelación a-cuerpo-entero de sí mismo. Jung comenta:

«Uno aun no se da cuenta, cuando un arquetipo es constelado inconscientemente y no entiende conscientemente que uno es poseído por el mismo y obligado a cumplir su fatal objetivo.»

Lo demoníaco se expresa a través de nuestro reclutamiento a su causa y obligándonos a actuar externalizandolo inconscientemente a fin de darse forma viva a sí mismo en la tercera dimensión.La palabra demoníaca está relacionada con «el diablo,» que a su vez se relaciona con la palabra diabólica, cuyo significado interior es dividir, separar, y des-integrar. Al ser divisivo, lo diabólico nos escinde en varios trozos fragmentados y compartimentados. Jung comenta:

«La posesión por el inconsciente significa hacer trizas en muchas personas y cosas, una disyunción. Por eso, según Orígenes [un teólogo Cristiano temprano], el objetivo del Cristiano es el de llegar a ser un ser humano interiormente unido.»

Convertirse en un verdadero seguidor de Cristo, que es el símbolo del Ser totalmente integrado, es transformar la naturaleza diabólica de la disyunción en una sagrada conjunción, donde se conectan todas las partes de la psique y los opuestos se unen. Esta es la razón por lo que la mayor protección contra los demonios es estar en contacto con nuestraintegridad intrínseca, que ha de ser «dueña de sí misma», – en posesión de la parte de nosotros que no es ‘poseíble,’- que es el Ser, la totalidad de nuestro ser.

El antónimo de la palabra diabólico es simbólico, que, además de ser el lenguaje de los sueños, significa reunir, unir e integrar. Lo demoníaco es un fenómeno cuántico, que contiene tanto lo simbólico y lo diabólico codificado dentro de sí en un estado de superposición, es decir, que oculto dentro de lo demoníaco está la semilla creativa de su propia transformación. Ambas fuerzas constructivas y destructivas están plenamente presentes en lo demoníaco simultáneamente, y cualquiera de las energías puede, potencialmente manifestarse, dependiendo de cómo una consciencia observadora interactúa con ello.Para citar a Jung:

«…el demonio de la voz interior es a la vez nuestro mayor peligro y una ayuda indispensable

Escondido en lo demoníaco está nuestra voz interior, nuestro espíritu guía, nuestro ángel y nuestro genio. Jung se refiere a lo demoníaco como «la creativa desapercibida», es decir, es la creatividad todavía no «hecha realidad» o lograda por el yo. El desarrollo de un yo sano y fuerte es de vital importancia para entrar en relación a y expresar creativamente las energías demoníacas dentro de nosotros. Una de las cosas más destructivas de la psique humana es la creatividad no realizada.

Si lo demoníaco no es honrado y tratado religiosamente (es decir, cuidadosamente considerado con reverencia y un sentido de lo sagrado), se constela negativamente y se convierte verdaderamente en «demoníaco,» en el sentido destructivo de la palabra. Jung comenta:

«En términos generales lo demoníaco es ese momento en que un contenido inconsciente del poder aparentemente abrumador aparece en el umbral de la consciencia. Pudiendo cruzar el umbral apoderándose de la personalidad. Entonces es posesión.»

Antes de que un arquetipo pueda ser conscientemente integrado, siempre se manifestará físicamente, ya que, en palabras de Jung, «…fuerza al sujeto en su propia forma.» En su forma negativa, que es una verdadera forma virulenta de la locura, a nosotros, debido a nuestra inconsciencia, se nos convierte en un conducto viviente de la encarnación de una energía malévola, depredadora y rapaz inhumana, que sólo se preocupa por la alimentación de su propio narcisismo insaciable, en última instancia, victimizando, consumiendo y canibalizando tanto a nosotros mismos como a otros en el proceso. Al describir este momento de ser poseído, Jung elabora:

«La bestia de presa se apodera de él y pronto le hace olvidar que es un ser humano. Su animal le afecta obstaculizando cualquier reflexión que pueda interponerse en el camino de sus cumplimientos de deseos infantiles, llenándolo en su lugar con una sensación de un nuevo derecho ganado a la existencia y le intoxica con el ansia del botín y de la sangre.»

Esta energía en-toxicante, que es el yo narcisista campando a sus anchas mientras se auto-encanta, es el combustible que anima cualquier forma de adicción. «La intoxicación,» para citar a Jung, es «esa forma más directa y peligrosa de la posesión,» que salvo que se reflexione sobre ella, y así es iluminada y transformada por la luz de la consciencia, conduce inevitablemente a la autodestrucción.Jung nos recuerda que:

«La locura es la posesión por un contenido inconsciente que, como tal, no se asimila a la consciencia, ni puede ser asimilado ya que la existencia misma de tales condiciones es negada.»

Entonces caemos en la regresión infinita y perpetúa retroalimentación de negar que estamos en la negación, una cepa de creación propia de la locura a la que le he dado el nombre de «egofrenia maligna» o «enfermedad del yo«, para abreviar. Esta es una forma de auto-engaño, disociación y ceguera psíquica en la que estamos mintiendo en última instancia, y ocultando de nosotros mismos. Llegado a cierto punto este proceso se atrinchera dentro de la psique de tal manera que desarrolla impulso suficiente para convertirse aparentemente en su propia auto-generada entidad autónoma. Entonces nos hemos convertido en un «problema» para nosotros mismoscreando nuestro propio monstruo de Frankenstein en el proceso, que es nosotros. Podemos entonces decir que somos la encarnación de la enfermedad del yo en persona de carne y hueso, su revelación en forma humanaSimilar a ser poseído por un demonioestar apoderado por la enfermedad del yo es al mismo tiempo su propia auto-revelación y, codificada dentro de la aparente patología, está su propia medicina.

Una de las principales formas en que los demonios se empoderan en nosotros es cuando somos inconscientes de nuestra sombra. Jung dice:

«Cualquiera que no sea consciente de su sombra, sea demasiado maravilloso, demasiado bueno, tiene una idea equivocada de sí mismo, y en tal medida esa persona está poseída.»

En la medida en que no somos conscientes de nuestra sombra es la medida en que no somos conscientes de nuestro potencial para promulgar involuntariamente nuestro inconsciente de una manera que podría ser hiriente. Jung escribe:

«Si no vemos el lado negativo de lo que hacemos, de lo que somos, estamos poseídos…Sólo a través de la comprensión de los aspectos inconscientes, por regla general, podemos liberarnos de la posesión.»

Comprender los «aspectos inconscientes» es arrojar luz sobre las partes dormidas más oscuras de nosotros mismos – «el lado negativo de lo que hacemos» – que es esencialmente el acto de toma de consciencia. Los demonios están actuando a cabo por sí mismos a través de nuestros puntos-ciegos psíquicos. Jung comenta:

«…el demonio que está siempre contigo es la sombra tras de ti, y está siempre en donde tus ojos no lo están.»

Los lugares en los que somos poseídos por nuestro inconsciente son los lugares en nosotros mismos en donde no somos capaces de ver, donde «nuestros ojos no están,» donde no somos capaces de la especulación auto-reflexiva. Simbólicamente, esto es como un vampiro que no proyecta reflejo en el espejo. Jung escribe:

«Ya que nadie es capaz de reconocer exactamente dónde y cuánto de él mismo está poseído e inconsciente, simplemente proyecta su propia condición a su vecino, y por lo tanto se convierte en un deber sagrado el tener las mayores armas de fuego y el gas más tóxico.»

Curiosamente, Jung se refiere simplemente a la «proyección de la sombra,» un proceso en el que proyectamos nuestros propios aspectos no-abrazados (nuestra «propia condición») sobre el prójimo, como «la mentira.» Uno de los significados de la palabra «diablo» es «el mentiroso.» (Por favor véase mi artículo «La Proyección de la Sombra: El Combustible de la Guerra» y «La Proyección de la Sombra es su Propia Medicina«). La proyección de nuestra sombra sobre los demás es una actividad que es en sí misma una expresión del diablo que se esconde dentro de nosotros, al acecho detrás de la proyección. Hablando sobre lo fácil que es para los «demonios» encontrar una nueva víctima, Jung comenta:

«…eso no será difícil. Todo hombre que pierde su sombra, toda nación que cae en la justicia propia, es su presa.»

Jung comenta sobre el estado de estar poseído por arquetipos tales como el demoníaco cuando escribe:

«Porque un arquetipo tiene vida propia, la vida que le es propia y peculiar al arquetipo muestra su autonomía por el hecho de que puede devorar la propia vida de uno. Es tan fuerte que uno puede ser engullido por él y no ser nada más que ese arquetipo. Por supuesto, uno no lo sabe.»

El arquetipo invisible sin forma se ha in-formado a sí mismo y se ha hecho visible a través de la persona, grupo o nación de la que se apodera. Se puede decir que es la viva encarnación del arquetipo, ya que son la revelación hinchada completa en toda regla, en la forma.Una cualidad esencial de ser poseído por el inconsciente es la de no saber que estamos poseídos porque si lo supiéramos, no estaríamos poseídos. Para citar a Jung:

«Cuando eres sólo uno con una cosa eres completamente idéntico – no se puede comprender, no se puede discriminar, no se puede reconocer.»

Cuando somos idénticos con algo, no somos capaces de diferenciarnos de él, es decir, no tenemos la libertad de elección con respecto a aquello con lo que nos identificamos inconscientemente. Cuando nos identificamos con y representamos el inconsciente, somos verdaderamente inconscientes.Jung conjetura:

«supongamos que yo soy idéntico a un arquetipo, yo no lo sé y el arquetipo por supuesto que no me lo va a decir, porque yo ya estoy poseído e inundado por el arquetipo…Así como no presto atención al martillo que uso, lo uso y después lo tiro a la basura. No es un martillo personal. Esa es la forma en que el arquetipo utiliza el hombre, simplemente como un instrumento, como una herramienta de un tipo muy transitorio.»

El Tarot de Carl Jung y los arquetipos.

A pesar de que un arquetipo se expresa a través de los individuos, un arquetipo es impersonal. Los arquetipos que nos alistan para sus fines, tomando posesión de nosotros como un objeto de propiedad, y nos abandonan cuando ya no les somos útiles. Jung continúa:

«Pero el hombre está, por supuesto, en una situación horrible. Él está poseído, y no puede defenderse a sí mismo, porque él ni siquiera sabe que está poseído, y esa es una maravillosa oportunidad para el inconsciente.»

El no saber que estamos poseídos por el inconsciente, es como si los padres no estuvieran en casa, creando una oportunidad para que los niños (el inconsciente) actúe sin restricciones. Jung dice:

«Las fuerzas que estallan fuera de la psique colectiva tienen un efecto confuso y cegador.»

El surgimiento de fuerzas inconscientes del inconsciente colectivo normalmente evoca confusión y ceguera, es decir, pérdida del conocimiento. Jung continúa,

«…en la misma medida que la influencia del inconsciente colectivo aumenta, la mente consciente pierde su poder de liderazgo. Imperceptiblemente se convierte en el dirigido, mientras que un proceso inconsciente e impersonal va tomando el control. Así, sin notarlo, la personalidad consciente es zarandeada como una figura en un tablero de ajedrez por un jugador invisible. Este es el jugador que decide el juego del destino, no la mente consciente y sus planes.»

Es como si un invisible golpe de estado hubiera tenido lugar dentro de la psique. Cayendo en el autoengaño, la mente consciente está bajo la ilusión de que ella está decidiendo, de que está en control, mientras que en realidad está siendo dirigida y manipulada como un títere. Citando a WH Auden: «Somos vividos por Potencias que simulamos entender.»

Jung dice: «El diablo es la sombra imitando a Dios.» Cuando estamos poseídos por el inconsciente, una energía arquetípica más potente, se desplaza de forma y toma nuestra forma aparente, que absorbemos en, identificamos con y consideramos que es quienes somos.

Engañados y embaucados por el hábil «arte de vender» de este impostor de nosotros mismos, «compramos» su versión de quienes somos. Vivimos entonces una simulación de nosotros mismos, imitándonos a nosotros mismos, convirtiéndonos en una copia maestra, un duplicado de nuestro ser original. En la medida en que inconscientemente estamos poseídos por el demonio, es como si un parásito psíquico se hubiera hecho cargo de nuestro cerebro y nos haya bureado, su anfitrión, a pensar que estamos alimentando y fortaleciéndonos nosotros mismos, mientras que en realidad estamos nutriendo al parásito.

Es como si nuestro alma hubiera sido secuestrado por una fuerza arquetípica más profunda, y haya sido sustituido por una pálida imitación de nosotros mismos, y, en la medida en que hemos sido apoderados, ni siquiera nos damos cuenta. Los arquetipos, señala Jung, «tienen la más desagradable de las cualidades de aparecer con nuestro propio aspecto.» El espíritu del inconsciente nos suplanta, engañándonos incluso a nosotros mismos, mientras se encubre con nuestra forma. Este espíritu mercurial «se ha vestido de nosotros» como un disfraz, apareciendo como nosotros mismos, o por lo menos como quienes nos imaginamos ser.

Continua 3a parte

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