El Clan – La Familia- I Ching

monedas iching

Carol K. Anthony (extraído de su libro: Guía del I Ching)

Trabajar desde una posición entre bastidores y confiar en el poder de la verdad.

Este hexagrama define la correcta relación entre la gente dentro de la unidad familiar; puede referirse a la familia espiritual (uno en relación al sabio), o a la familia humana. Un viejo proverbio chino dice que si uno quiere corregir el mundo, primero debe corregir el estado; si uno quiere corregir el estado primero tiene que corregir a la familia; si uno quiere corregir a la familia, primero tiene que corregirse a sí mismo. La autocorrección es lo primero y quizás lo único importante. Al volver a nuestra correcta actitud, se tornan posibles grandes cambios en las actitudes de los demás.
Como indica la sexta línea, influimos a los demás a través de la fuerza de la verdad interior, y no con el ejercicio del poder físico o verbal. La perseverancia de la mujer, significa que cultivamos los com-ponentes de la receptividad y la perseverancia de nuestra naturaleza, porque estos activan el poder de lo creativo; lo cual quiere decir que muchas veces tendremos que trabajar en una posición aparentemente insignificante (como la ve nuestro ego), en la que renunciamos al afán y a la pretensión. Mientras permanezcamos siempre firmes en nuestros valores, nos mantendremos apacibles al tratar con los demás. Otro proverbio dice: “sé como el agua, suave, pero de fuerza irresistible”. El verdadero liderazgo, desde el punto de vista del I Ching, no consiste en estar al frente o encima. Apoyamos desde abajo, a través de la paciencia, de la firmeza interior en lo que es correcto y la independencia interior. Siempre estamos pres-tos a retirarnos cuando el momento lo pide, a seguir nuestro camino solos. Esto es amar realmente.
En lugar de actuar abiertamente, dejamos que el poder de lo justo y lo correcto penetre en los demás. Al mantener una actitud neutral, dejamos que se nos llame a la acción espontáneamente, como lo pide el momento. La verdad interior, que transmitimos a otros, es la esencia de lo que es universalmente verdadero. Sólo necesitamos reconocer esta verdad para que penetre en los demás. No proyectamos nuestros pensamientos, ni ejercitamos nuestra voluntad, ni decimos o hacemos nada.
La verdad interior es la más elevada verdad que aún no percibimos. Podemos confiar en que esta verdad aparecerá por ella misma en el momento necesario y que tendrá el efecto requerido. Sólo tenemos que confiar en su existencia. Confiar quiere decir suspender la incredulidad. Hasta que la verdad interior se muestre, respetamos sólo la grandeza del alma (la humildad, la sinceridad y la constancia), de otra forma nos mantenemos pacientes y firmes al tratar con las faltas de la gente.

la mujer

Es propicia la perseverancia de la mujer

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