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La Nube en el Santuario

“El fin más elevado de la religión es la íntima unión del hombre con Dios, y esta unión es posible incluso aquí abajo; pero sólo lo es por la apertura de nuestro sensorium interior y espiritual que dispone nuestro corazón para recibir a Dios. Este deposito de toda ciencia ha sido confiado a la Comunidad de los Elegidos, que se ha propagado sin interrupcion desde el primer dia de la Creación hasta Hoy”

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Es necesario, mis muy queridos hermanos en el Señor, daros una idea pura de la Iglesia interior, de esta Comunidad luminosa de Dios que se halla dispersa por todo el mundo, pero que está gobernada por una verdad y unida por un espíritu. Esta comunidad de la luz existe desde el primer día de la creación del mundo, y durará hasta el último día de los tiempos. Es la sociedad de los elegidos que conocen la luz en las tinieblas y la separan en lo que tiene de propio. Esta comunidad de la luz, posee una Escuela en la que el Espíritu de sabiduría instruye él mismo a quienes tienen sed de luz; y todos los misterios de Dios y de la naturaleza se conservan en esta escuela para los hijos de la luz. El conocimiento perfecto de Dios, de la naturaleza y de la humanidad, son objeto de enseñanza en esta escuela.

angelesDe ella vienen todas las verdades al mundo; es la escuela de los profetas y de quienes buscan la sabiduría; sólo en esta comunidad se encuentra la verdad y la explicación de todos los misterios. Es la comunidad más interior y posee miembros de diversos mundos; he aquí la idea que de ella se ha de tener. En todo tiempo, lo exterior ha tenido por base un interior, del que lo exterior sólo es su expresión y su plano. Es así que, en todo tiempo, ha habido una asamblea interior, la sociedad de los elegidos, la sociedad de aquellos que tenían más capacidad para la luz y que la buscaban; y esta sociedad interior era llamada santuario interior o Iglesia interior. Todo lo que la Iglesia exterior posee, en símbolos, ceremonias y ritos, es la letra cuyo espíritu y verdad están en la Iglesia interior. Así pues, la Iglesia interior es una sociedad cuyos miembros están dispersos por todo el mundo, pero reunidos en lo interior por un espíritu de amor y de verdad, que en todo tiempo se ocupó en construir el gran templo de la regeneración de la humanidad; por la que el reino de Dios será manifestado.

armonicaEsta sociedad reside en la comunión de los que tienen más capacidad para la luz, o de los elegidos. Estos elegidos están unidos por el espíritu y la verdad, y su cabeza es la Luz misma del Mundo, Jesucristo, el ungido de la luz, el mediador único de la especie humana, el Camino, la Verdad y la Vida, la luz primitiva, la sabiduría, el único medium por el cual los hombres pueden volver a Dios. La Iglesia interior nació inmediatamente después de la caída del hombre, y enseguida recibió de Dios la revelación de los medios por los que la especie humana caída será elevada de nuevo a su dignidad y liberada de su miseria; recibió el depósito definitivo de todas las revelaciones y misterios y la llave de la verdadera ciencia, tanto divina como natural. Pero cuándo los hombres se multiplicaron, la fragilidad del hombre y su debilidad hicieron necesaria una sociedad exterior que mantuviese oculta a la sociedad interior, y que cubriese al espíritu y a la verdad con la letra. Pues, como la colectividad, la masa, el pueblo, no eran capaces de comprender los grandes misterios interiores y como habría sido muy peligroso confiar lo más santo a los incapaces, se envolvieron las verdades interiores en las ceremonias exteriores y sensibles, para que el hombre, a través de lo sensible y exterior que es símbolo de lo interior, se hiciera capaz, poco a poco, de acercarse cada vez más a las verdades interiores del espíritu. Pero el interior siempre ha estado confiado a aquel que, en su tiempo, tenía más capacidad para la luz; y sólo éste era poseedor del depósito primitivo, como el sumo sacerdote en el santuario.

Rubio ángel de la noche.-William Blake

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Para ver el mundo en un grano de arena,

Y el Cielo en una flor silvestre,

Abarca el infinito en la palma de tu mano

Y la eternidad en una hora.

Aquel que se liga a una alegría

Hace esfumar el fluir de la vida;

Aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino

Vive en el amanecer de la eternidad.

Tú, rubio ángel de la noche

Ahora, cuando el sol descansa sobre las montañas, la luz

abrillanta la antorcha del amor; tu radiante corona

¡ ponla y sonríe sobre nuestro lecho nocturno !

Sonríe a nuestros amores,

y mientras echas las azules cortinas del cielo,

esparce tu helada de plata sobre cada flor que cierra sus dulces ojos

con oportuno sueño.

Deja que tu viento del este duerma sobre el lago;

habla el silencio con tus parpadeantes ojos,

Y lava la oscuridad con plata. Pronto, muy pronto,

te retiras, entonces el lobo se enfurece,

y el león se queda a través del bosque pardo,

Las pelajes de nuestros rebaños están cubiertos con tu sagrada helada,

protégelos con tu influencia.

El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,

en la Mirada de otros no es más que un objeto Verde

que se interpone en el camino.

Algunas personas Ven la Naturaleza como algo Ridículo y Deforme,

pero para ellos no dirijo mi discurso;

y aun algunos pocos no ven en la naturaleza nada en especial.

Pero para los ojos de la persona de imaginación,

la Naturaleza es imaginación misma.

Así como un hombre es, ve.

Así como el ojo es formado, así es como sus potencias quedan establecidas.

“No poseo nombre:

pero nací hace dos días.”

¿Cómo te llamaré?

“Soy feliz.

Me llamo alegría.”

¡Que el dulce júbilo sea contigo!

¡Bonita alegría!

Dulce alegría, de apenas dos días,

te llamo dulce alegría:

así tú sonríes,

mientras yo canto.

¡Que el dulce júbilo sea contigo!

Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo,

y el arroyo encrespado se desplaza riendo;

cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias,

y la verde colina ríe del estrépito que hacemos;

cuando los prados ríen con vívidos verdes,

y ríe la langosta ante la escena gozosa;

cuando Mary y Susan y Emily

cantan “¡ja, ja, ji!” con sus dulces bocas redondas.

Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra

donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces,

acercaos y alegraos, y uníos a mí,

para cantar en dulce coro el “¡ja, ja, ji!”

Tigre, tigre, que te enciendes en luz

por los bosques de la noche

¿qué mano inmortal, qué ojo

pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes,

en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?

¿Con qué alas osó elevarse?

¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte

pudo tejer la nervadura de tu corazón?

Y al comenzar los latidos de tu corazón,

¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?

¿En qué horno se templó tu cerebro?

¿En qué yunque?

¿Qué tremendas garras osaron

sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas

y bañaron los cielos con sus lágrimas

¿sonrió al ver su obra?

¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz,

por los bosques de la noche

¿qué mano inmortal, qué ojo

osó idear tu terrible simetría?

¡ Despierta, despierta, mi pequeño !

Tú eras la única alegría de tu madre;

¿Por qué lloras en tu sueño tranquilo?

¡Despierta! Tu padre te protege.

Oh, ¿que tierra es la Tierra de los Sueños?

¿Cuáles son sus montañas, y cuáles sus ríos?

¡Oh padre! Allí vi a mi madre,

Entre los lirios junto a las bellas aguas.

Entre los corderos, vestida de blanco,

Caminaba con su Thomas en dulce deleite.

Lloré de alegría, como una paloma me lamento;

¡Oh! ¿Cuándo volveré allí?

Querido hijo, también yo junto a ríos placenteros

He caminado la noche entera en la Tierra de los Sueños;

Pero por serenas y cálidas que fuesen las anchas aguas,

No pude llegar hasta la otra orilla.

¡Padre, oh padre! ¿Qué hacemos aquí

En esta tierra de incredulidad y temor?

La Tierra de los Sueños es mucho mejor, allá lejos,

Por sobre la luz del lucero del alba.

William Blake

(1757-1827)

vía Poesía: William Blake.

Ilumina el espíritu. – La Tradición

Ilumina el espíritu.

 

 

 

 

 

 

 

Raimon Arola Ferrer.

En su Historia de las creencias y de las ideas religiosas, Mircea Eliade explica que en todas las tradiciones: “la idea de lo divino aparece vinculada a la sacralidad celeste, es decir a la luz”, pues así como la luz no puede separarse del ser humano, ya que sin ella no existiría, tampoco puede desvincularse de lo divino, pues su primer significado simbólico es indiscernible de la idea de Dios. Está demostrado que las etimologías de las palabras que significan dios en las lenguas indoeuropeas están relacionadas con la idea de la luz celeste, tal y como explica el mismo Eliade: “Desde que empezó a estudiarse este tema se reconoció el radical indoeuropeo deiwos, ‘cielo’, en los términos que designan al dios (latín deus, sánscrito: deva, iraní: div,…).”
El símbolo de la luz aparece siempre asociado a la idea de un Dios que está en los cielos y que continuamente ofrece la vida a todo lo viviente. Se manifiesta a todos los hombres y todos participan de ella. Sin la luz, la vida no existiría, por eso es natural que la luz del cielo -y, por extensión, el Sol- se considere desde siempre el símbolo más excelso.
Sin embargo, al constatar tal evidencia aparece una cuestión que no puede obviarse y es que en muchas tradiciones se explica que los grandes sabios y místicos han sido iluminados. Especialmente explicita es la tradición budista en la que se dice que Siddharta Gautama, un día al amanecer, vio el resplandor de una estrella, alcanzando entonces un estado superior de conciencia. A partir de ese momento se le conoció como Buda, que significa “aquel que ha despertado”, “aquel que se ha iluminado”.
Encontraríamos ejemplos similares en otras tradiciones espirituales, sin embargo, más que extendernos en este sentido quisiéramos afrontar una pregunta implícita en el hecho de que solamente algunos hombres, como sucede con el Buda Sakyamuni o incluso con san Pablo cuando cayó de su caballo en el viaje a Damasco, hayan “contemplado la luz”, pues, ¿acaso no vemos continuamente el común de los mortales la divina luz del cielo? Y, sin embargo, no estamos iluminados.
Un maestro zen llamado Tozan (807-869), escribió en su Hokyo Zan Mai: “La medianoche / es la luz verdadera, / el alba / no es clara”. Este aforismo sorprendente explica que existe otra luz, un sol oculto en medio de la noche, que al despertar produce la iluminación. Así, la luz celeste, que responde a la idea de un Dios que da la vida, se complementa y completa con la idea de una luz que surge del interior de la tierra, o del interior del hombre.La tarea del pensamiento simbólico es la de buscar esta luz de medianoche que ilumina el camino del espíritu. Una luz que se incuba en el secreto de las tinieblas. Por eso, en ocasiones, se ha relacionado el pensamiento simbólico con el gnosticismo, pues en ambos casos se busca aquello que está oculto tras la nada tenebrosa. A diferencia de la segunda posibilidad, el pensamiento simbólico encuentra su sentido en la dialéctica entre lo oculto y lo manifestado.
Al lector de cultura cristiana no debería extrañarle el aforismo de Tozan, ni tampoco la propuesta simbólica, pues ¿qué diferencias existen entre la luz de medianoche y la Navidad? Pocas, por no decir ninguna. El nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, sucedió según la tradición en medio de la noche de un 25 de diciembre, en la estación del año en la que la noche es más larga, lo cual es muy indicativo a nivel simbólico. Además se dice que nació en un pesebre, un lugar pobre y despreciable.
Es sabido que los romanos celebraban este mismo día la fiesta del Sol Invictus (“Sol invencible”), y que los cristianos hicieron coincidir la natividad de su Dios encarnado con la fiesta del Sol Invictus. El mismo Jesucristo fue quien dijo: “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”. (Jn 8, 12). Notemos que la “luz del mundo” se refiere al Hijo que nació de una Virgen y no al Padre que está en los cielos.
Así pues, al igual que Dante, que antes de alcanzar el cielo tuvo que bajar a los infiernos, los místicos de todas las tradiciones se sumergen en las tinieblas de la medianoche, el lugar secreto donde Dios está en potencia, para poderlo manifestar. Es entonces cuando puede aparecer la luz verdadera, el tesoro secreto. O como dirá el mismo Dante en el Paraíso: “Lo sé, mi decir no es más que una simple luz”.
La luz que surge de las tinieblas es la auténtica luz. Un fragmento repetido en varios Upanishadreza: “El Sol allí no brilla, ni la Luna o las estrellas. / Estos relámpagos no brillan, y mucho menos este fuego terrenal. / Cuando Él brilla, todas las cosas brillan. / Todo el mundo es iluminado con su luz”. Y un fragmento del Apocalipsis que describe a la Jerusalén Celestial dice: “La ciudad no había menester de Sol y de Luna que la iluminasen, porque la gloria de Dios la iluminaba, y su lumbrera era el Cordero”.
Es apasionante la descripción que los grandes místicos y sabios hacen de su primer encuentro con la luz terrestre, después de atravesar las tinieblas de la nada. Como ejemplo sirva el famoso Zohar: “Una chispa tenebrosa salió de en medio de lo encerrado de su encerramiento del secreto del Ein Sof(“Sin límites”)”. Sobre esta primera chispa se construye el Nuevo mundo. Éste es el principio de toda la creación y cuando el Génesis mosaico afirma que: “En el principio creó Dios…”, los cabalistas leen: “La chispa tenebrosa creó el cielo y la tierra…”. Evidentemente el Génesis no describe la creación exterior sino otra nacida de la luz secreta. De ella es de la que hablan los símbolos.

Web de Raimon Arola:

www.arsgarvis.com

Arte y Simbolismo.

vía Ilumina el espíritu. – La Tradición.

El Pozo de Agua: El Hombre superior y el hombre inferior como aspectos de la personalidad

El Hombre superior y el hombre inferior como aspectos de la personalidad

Cuando nos familiarizamos con el  I Ching, aprendemos a identificar a través de su lectura distintos aspectos de nuestra personalidad. Las acciones que reflejan nuestras facetas internas y estados de consciencia, son descritas como las acciones del Hombre Superior y el Hombre Inferior. De esta forma los hexagramas, muestran nuestro estado de conciencia y las formas en que nos relacionamos con las circunstancias de nuestras vidas a través de metáforas e imágenes de incalculable resonancia poética que reflejan leyes universales.

“El Hombre Superior”, “El Gran Hombre” ó “El Noble” representa la mayor expresión y potencialidad de nuestros dones. Es quien realiza las acciones correctas, acordes a los tiempos del cielo y las leyes universales. Estando a la altura de las circunstancias realiza en cada caso lo que requiere la situación. Esto lo logra entregándoce a la situación sin resistencias.

En el “Discurso sobre la teología natural de los chinos” Leibniz expresa:

“…Al Perfeccionar la propia naturaleza, se alcanza el estado de Jen, que expresa la condición humana en la plenitud de sus facultades creadoras, en su máxima expresión, donde la superioridad moral supone la comunión con el Cielo, la Tierra y toda la naturaleza, pues se trata de la más pura manifestación del principio común a todos, productor constante. El hombre noble no solo posee entonces una armonía interna que se vuelca hacia el exterior, sino también realiza en su vida y a su nivel la obra creadora del principio supremo. No es un instrumento, sino que, al reproducirlo en si mismo, obra en virtud de este”

Por todo esto el Hombre Superior, es el hombre capaz de autocrítica, quien puede modificarse a si mismo y evolucionar. Busca su destino construyéndolo desde un rol activo; tiene como meta lograr lo mejor para si mismo y para los demás. Representa el accionar y la manifestación de la esencia divina que llevamos dentro.

El Hombre inferior, los Inferiores o los vulgares, están representados por las dudas, miedos, reacciones intempestivas y emocionales que nos ocasionan dificultades o nos retrasan en el desarrollo de nuestro ser. Son las manifestaciones del ego y la soberbia, como principio de aislamiento y una mirada sesgada por la fragmentación.

Es el hombre (o nuestras zonas) débil, que no se encuentra a la altura de la circunstancia, y como lógica consecuencia no sabe como resolverla o termina provocando que está se malogre. Es quien carece de autocrítica, con tendencia acomodaticia, por lo tanto incapaz de modificarse. Manteniéndose en la interminable rueda de acción y reacción. Provocando, aunque no sea consciente de eso, la repetición de situaciones.

Por ejemplo:

Si observamos La Desintegración (hexagrama 23) el I Ching nos plantea como lo vulgar corroe la integridad del noble socavándolo internamente hasta derrumbarlo.

Si lo llevamos al plano de nuestra personalidad hablamos tanto de nuestros temores, posibles auto boicot, o cuando la duda nos carcome. Obviamente en medio de este tironeo interno no es bueno movernos. La situación es pasajera, y justamente en las características de los trigramas se encuentra la clave de como superar esta instancia: Deteniéndonos para aquietarnos, por lo menos hasta que el panorama se aclare.

Es por eso que tomar el I Ching como herramienta nos permitirá integrar, a través de su lectura, estas áreas de nuestra personalidad. Alineándonos con el “Gran Hombre”  que todos llevamos dentro.

Hasta la Próxima.

Laura Paradiso

vía El Pozo de Agua: El Hombre superior y el hombre inferior como aspectos de la personalidad.

VISION Y ENIGMA

VISION Y ENIGMA

ZARATUSTRA

A vosotros los audaces buscadores e indagadores,
y a quienquiera que alguna vez
se haya lanzado
con astutas velas
a mares terribles,
a vosotros los ebrios de enigmas,
que gozáis con la luz del crepúsculo,
cuyas almas son atraídas
con flautas
a todos los abismos laberínticos:
pues no queréis, con mano cobarde,
seguir a tientas un hilo;
y allí donde podéis adivinar,
odiáis el deducir
a vosotros solos os cuento el enigma que he visto,
la visión del más solitario

Dios deseado y deseante. Juan Ramón Jimenez.

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TAL COMO ESTABAS

En el recuerdo estás tal como estabas.
Mi conciencia ya era esta conciencia,
pero yo estaba triste, siempre triste,
porque aún mi presencia no era la semejante
de esta final conciencia

Entre aquellos geranios, bajo aquel limón,
junto a aquel pozo, con aquella niña,
tu luz estaba allí, dios deseante;
tú estabas a mi lado,
dios deseado,
pero no habías entrado todavía en mí.

El sol, el azul, el oro eran,
como la luna y las estrellas,
tu chispear y tu coloración completa,
pero yo no podía cogerte con tu esencia,
la esencia se me iba
(como la mariposa de la forma)
porque la forma estaba en mí
y al correr tras lo otro la dejaba;
tanto, tan fiel que la llevaba,
que no me parecía lo que era.

Y hoy, así, sin yo saber por qué,
la tengo entera, entera.
No sé qué día fue ni con qué luz
vino a un jardín, tal vez, casa, mar, monte,
y vi que era mi nombre sin mi nombre,
sin mi sombra, mi nombre,
el nombre que yo tuve antes de ser
oculto en este ser que me cansaba,
porque no era este ser que hoy he fijado
(que pude no fijar)
para todo el futuro iluminado
iluminante,
dios deseado y deseante.

Juan Ramón Jimenez