Archivo de la categoría: Cultos ancestrales

Los Políticos. El síndrome de la Notoriedad.

zhuangzi-300x276

ALGO de verdad debe de haber en esa imagen de los políticos siempre vestidos de cartón,  yendo de acá para allá apresuradamente, comiendo menús de lujo sin que les aprovechen, consumiéndose en eternas reuniones,  mintiendo en mitines y declaraciones de prensa, y siempre rodeados por un enjambre de personas que revolotean a su alrededor haciéndoles la pelota, y siempre pendientes de que sus propios compañeros no les apuñalen por la espalda.

No parece una opción de vida muy saludable,  pero lo cierto es que hay una inacabable lista de candidatos a asumirla.

Alguna substancia altamente adictiva debe contener eso que llaman notoriedad, y esos infelices están enganchados a ella como el yonki a la heroína, y ya se sabe, uno se mete en estas cosas básicamente porque tiene la autoestima por los suelos.

Nosotros somos los culpables, admitámoslo. Nosotros proveemos la substancia al regalarles una atención exagerada a través de los medios, y también al contemplarles devotamente cuando les pillamos en una terraza de bar, entrando en una tienda o paseando por la calle, y ya no digamos si además les aplaudimos, jaleamos o tiramos de la manga de la chaqueta suplicando un selfie.

Si en lugar de eso les miráramos con lástima por su adicción, quizá se verían como lo que realmente son, unos pobres diablos que se arruinan la vida a cambio de que la gente les reconozca, y a la larga superarían el mono.

Y quizá no esté de más recordar que los que mandan de verdad no salen nunca por la tele.

Y volviendo a Zhuangzi, que vivía en un tiempo no tan diferente al nuestro:

Estaba Zhuangzi pescando en el río Pu, cuando el rey de Chi despachó a dos de sus altos dignatarios para que le comunicaran su intención: “¡Es mi deseo confiarle la carga de este mi país!” Zhuangzi, sin soltar la caña ni tornar la cabeza, les dijo:

-”Tengo oído que en Chu hay una tortuga prodigiosa, que murió tres mil años ha. Vuestro rey la guarda en el salón noble de su palacio, envuelta en un paño y dentro de un cofre de bambú. Esa tortuga ¿quiso morir para que sus huesos fueran venerados, o hubiese preferido seguir viva aún arrastrando su cola por el fango?”

-Hubiese preferido seguir viva arrastrando su cola por el fango -respondieron los dos dignatarios.

-Idos ya -dijo Zhuangzi-. También yo prefiero arrastrar mi cola por el fango.

——————–

Zhuanzi (-369 a -286) fue uno de los maestros que, gozando de una gran reputación en su tiempo, escogieron una vida retirada, entendiendo que su incorporación al sistema implicaba la renuncia a sus ideas fundamentales. Pertenece a la tradición taoísta de los yinshi, o sabios ocultos. El tiempo les da la razón.

Via:www.jmromero.com

Articulo: Notoriedad vs. Recogimiento

Papiro Nu o Confesión Negativa

papiro nu

“¡Salve, Dios grande, Señor de la Verdad y de la justicia. Amo poderoso!: Heme aquí, llegado ante ti”.
“¡Déjame pues contemplar tu radiante hermosura! Conozco tu Nombre mágico y los de las cuarenta y dos divinidades que te rodean en la vasta sala de la Verdad-justicia, el día que se hace la cuenta de los pecados ante Osiris; la sangre de los pecadores les sirve de alimento”.
“Tu nombre es: “EL SENOR DEL ORDEN DEL UNIVERSO” cuyos dos ojos son las dos Diosas hermanas”.
“He aquí que yo traigo en mi corazón la VERDAD y la JUSTICIA pues he arrancado de él todo el Mal”.
“No he causado sufrimiento a los hombres. No he empleado la violencia con mis parientes”.
“No he sustituido la Injusticia a la justicia. No he frecuentado a los malos. No he cometido crímenes”.
“No he hecho trabajar en mi provecho con exceso. No he intrigado por ambición. No he maltratado a mis servidores. No he blasfemado de los Dioses”.
“No he privado al indigente de su subsistencia”.
“No he cometido actos exagerados por los Dioses. No he permitido que un servidor fuese maltratado por su amo”.
“No he hecho sufrir a otro. No he provocado el hambre. No he hecho llorar a los hombres mis semejantes”.
“No he matado ni ordenado matar. No he provocado enfermedades entre los hombres”.
“No he sustraído las ofrendas de los templos. No he robado los panes de los Dioses”.
“No me he apoderado de las ofrendas destinadas a los espíritus santificados. No he cometido acciones vergonzosas en el recinto Sacro-Santo de los templos”.
“No he disminuido la porción de las ofrendas. No he tratado de aumentar mis dominios empleando medios ilícitos, ni de usurpar los campos de otro”.
“No he manipulado los pesos de la balanza ni su astil. No he quitado la leche de la boca del niño. No me he apoderado del ganado en los prados”.
“No he cogido con lazo las aves destinadas a los Dioses. No he pescado peces con cadáveres de peces”.
“No he obstruido las aguas cuando debían correr”.
“No he deshecho las presas puestas al paso de las aguas corrientes. No he apagado la llama de un fuego que debía arder”.
“No he violado las reglas de las ofrendas de carne. No me he apoderado del ganado perteneciente a los templos de los Dioses”.
“No he impedido a un Dios el manifestarse. ¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro!”.
“He sido purificado como lo ha sido el gran Fénix de Herakleópolis”.
“Pues yo soy el Señor de la respiración que da vida a todos los Iniciados el día solemne en que el Ojo de Horus, en presencia del Señor Divino de esta tierra culmina en Heliópolis”.
“Puesto que he visto culminar en Heliópolis el Ojo de Horus, pueda no sucederme ningún mal en esta región, ¡oh Dioses! ni en vuestra sala de la Verdad-justicia. Pues yo conozco el nombre de esos Dioses que rodean a MAAT, la gran Divinidad de la Verdad-Justicia”.

La Nube en el Santuario

“El fin más elevado de la religión es la íntima unión del hombre con Dios, y esta unión es posible incluso aquí abajo; pero sólo lo es por la apertura de nuestro sensorium interior y espiritual que dispone nuestro corazón para recibir a Dios. Este deposito de toda ciencia ha sido confiado a la Comunidad de los Elegidos, que se ha propagado sin interrupcion desde el primer dia de la Creación hasta Hoy”

nubesantuario

Es necesario, mis muy queridos hermanos en el Señor, daros una idea pura de la Iglesia interior, de esta Comunidad luminosa de Dios que se halla dispersa por todo el mundo, pero que está gobernada por una verdad y unida por un espíritu. Esta comunidad de la luz existe desde el primer día de la creación del mundo, y durará hasta el último día de los tiempos. Es la sociedad de los elegidos que conocen la luz en las tinieblas y la separan en lo que tiene de propio. Esta comunidad de la luz, posee una Escuela en la que el Espíritu de sabiduría instruye él mismo a quienes tienen sed de luz; y todos los misterios de Dios y de la naturaleza se conservan en esta escuela para los hijos de la luz. El conocimiento perfecto de Dios, de la naturaleza y de la humanidad, son objeto de enseñanza en esta escuela.

angelesDe ella vienen todas las verdades al mundo; es la escuela de los profetas y de quienes buscan la sabiduría; sólo en esta comunidad se encuentra la verdad y la explicación de todos los misterios. Es la comunidad más interior y posee miembros de diversos mundos; he aquí la idea que de ella se ha de tener. En todo tiempo, lo exterior ha tenido por base un interior, del que lo exterior sólo es su expresión y su plano. Es así que, en todo tiempo, ha habido una asamblea interior, la sociedad de los elegidos, la sociedad de aquellos que tenían más capacidad para la luz y que la buscaban; y esta sociedad interior era llamada santuario interior o Iglesia interior. Todo lo que la Iglesia exterior posee, en símbolos, ceremonias y ritos, es la letra cuyo espíritu y verdad están en la Iglesia interior. Así pues, la Iglesia interior es una sociedad cuyos miembros están dispersos por todo el mundo, pero reunidos en lo interior por un espíritu de amor y de verdad, que en todo tiempo se ocupó en construir el gran templo de la regeneración de la humanidad; por la que el reino de Dios será manifestado.

armonicaEsta sociedad reside en la comunión de los que tienen más capacidad para la luz, o de los elegidos. Estos elegidos están unidos por el espíritu y la verdad, y su cabeza es la Luz misma del Mundo, Jesucristo, el ungido de la luz, el mediador único de la especie humana, el Camino, la Verdad y la Vida, la luz primitiva, la sabiduría, el único medium por el cual los hombres pueden volver a Dios. La Iglesia interior nació inmediatamente después de la caída del hombre, y enseguida recibió de Dios la revelación de los medios por los que la especie humana caída será elevada de nuevo a su dignidad y liberada de su miseria; recibió el depósito definitivo de todas las revelaciones y misterios y la llave de la verdadera ciencia, tanto divina como natural. Pero cuándo los hombres se multiplicaron, la fragilidad del hombre y su debilidad hicieron necesaria una sociedad exterior que mantuviese oculta a la sociedad interior, y que cubriese al espíritu y a la verdad con la letra. Pues, como la colectividad, la masa, el pueblo, no eran capaces de comprender los grandes misterios interiores y como habría sido muy peligroso confiar lo más santo a los incapaces, se envolvieron las verdades interiores en las ceremonias exteriores y sensibles, para que el hombre, a través de lo sensible y exterior que es símbolo de lo interior, se hiciera capaz, poco a poco, de acercarse cada vez más a las verdades interiores del espíritu. Pero el interior siempre ha estado confiado a aquel que, en su tiempo, tenía más capacidad para la luz; y sólo éste era poseedor del depósito primitivo, como el sumo sacerdote en el santuario.

La Cueva de Hércules de Toledo.

maxresdefault

La cueva toledana de Hércules, forma parte, es uno más, de los enigmas históricos de la ciudad, hay quien dice que el subsuelo está lleno de cavidades y al poco se manifiesta otro aseverando, que en realidad es una sola cavidad la que forma un extenso laberinto de cientos de kilómetros de desarrollo. El caso es que, sea una sola o sean cientos de ellas, la de Hércules es la más popular.

Aquellos narradores que aflautan misteriosamente la voz al contar las historias, dicen que fue durante el reinado del mitológico rey Tubal, nieto de Noé y fundador de la primera monarquía española, cuando el héroe Heracles llegó hasta la ciudad y se bastó con las manos para excavar una enorme cueva donde instruir a los iniciados en el arte de la práctica mágica y ciencia adivinatoria, fue así como nació la Escuela Nigromante de Toledo. También dejó guardada en el lugar la “Mesa de Salomón”, la que se había mandado hacer para el mismísimo Templo de Jerusalén.
Para encubrir el secreto de la espelunca, en la que ya se habían alcanzado los niveles más altos del conocimiento, Hércules edificó un magnífico palacio sobre la cueva; con esa construcción pretendía que el acceso se mantuviese bien seguro tras un segundo paso.
Como legado de sucesión a su reino estableció también que cada nuevo rey que accediese al trono, no sólo se abstuviese de penetrar en la caverna, sino que además deberían añadir un nuevo candado a la puerta para que nadie pudiera desvelar el secreto mejor guardado. Con el tiempo la mansión empezó a conocerse popularmente como “El Palacio Encantado”.

toledo-8_thumb
Muchos soberanos se sucedieron en aquel trono hasta llegar quien rompiera los cierres de la puerta que protegían el secreto. El monarca era don Rodrigo, duque de la Bética y miembro de la familia de Chindasvinto, quien hizo saltar los pasadores de veinticuatro candados para poder traspasar la puerta. Traicionó a sus ancestros, provocó el maleficio.
Al penetrar en el subterráneo, escrito sobre la pared a modo de advertencia y amenazante sortilegio, se pudo leer sin dificultad “Vuelve por donde vienes, donde ahora vas está la muerte”. Don Rodrigo, era un valiente caballero y no se dejó intimidar por tan espuria amenaza, siguió adelante por las tenebrosas galerías. Dice la leyenda que atravesó varias cavernas, una blanca, de nívea cobertura, otra negra como cubierta de pez, verde una tercera, como el color que tiene las esmeraldas y una cuarta que era roja del color con el que fluye la sangre por las heridas.
Cuando al fin encontró un arca de madera creyó haber descubierto el secreto de la caverna, en el interior de la misma se guardaba una tela pintada en la que aparecían tropas a caballo, se hallaban bien pertrechas y armadas y estaban representadas bajo estandarte musulmán. Una inscripción en el paño advertía que quien, por haber desplegado la tela, mostrase aquellas huestes, induciría a que los que así vestían invadiesen los territorios de la Iberia hasta enseñorearse de ellos.

hermosas-cuevas-naturales_thumb
Lo que hasta aquí se narra como leyenda se materializó en la primavera del año 711 cuando los musulmanes dirigidos por Tarik, cruzaron el estrecho de Hércules e invadieron los territorios de la Iberia. En la batalla que Rodrigo entabló contra los invasores en Wadi Lakka, lugar que se ha identificado como el río Guadalete junto a Barbate, en Cádiz, los visigodos fueron derrotados y el monarca perdió la vida.
Nada más se supo de la cueva de Hércules durante largo tiempo hasta que en el año 1546, el arzobispo de Toledo Juan Martínez de Silíceo (1546-1557), mandó una expedición que explorase los subterráneos de la ciudad. Según se narra en los Anales Toledanos, los exploradores que se habían enviado al lugar, salieron muy impresionados por lo que allí habían visto. Hablaron de caudalosos ríos subterráneos, de estatuas gigantescas que tenían vida y movilidad y también otras muchas visiones fantasmagóricas que los hizo estremecer. Tras esas sobrecogedoras descripciones la cueva fue cegada para que nadie entrase jamás y soliviantase la tranquilidad en aquel mundo.

Juan_Montero_de_Rojas_El_paso_del_río_Jordán_con_el_arca_de_la_alianza_Museo_del_Prado

La Cueva de Hércules fué construída por el mismo constructor del Templo de Jerusalén, el Rey hebreo Salomón, hijo del Rey David, hacia el año 1030 antes de Cristo.

Las Dos Expediciones más importantes que se han realizado a lo largo de la Historia han sido:

– La Expedición del Rey Rodrigo, en el año 711 d.C.
– La Expedición del Cardenal Primado de Toledo, Juan Martínez Siliceo, en el año 1546.

Ambas incursiones acabaron en desastre y tragedia, puesto que trataron de abrir un precinto sagrado antes del tiempo prescrito, el tiempo actual que estamos viviendo del Fín del Mundo.

En 1940, una Expedición de la Ahnenerbe, la unidad de Arqueología SS de los Nazis, mandada por Heinrich Himmler en persona, viajó expresamente a la ciudad de Toledo, buscando la misma reliquia sagrada y poderosa del Rey Salomón.

En los tiempos modernos, el investigador hispano-alemán, Alberto Canosa, dirige el Tercer Proyecto histórico para entrar en la legendaria Cueva de Hércules, y descubrir, por fín, todos sus secretos milenarios y tesoros incalculables, entre los cuales figura la Mesa del Rey Salomón.

Según las Profecías de Toledo, recogidas hacia el siglo XVI en los escritos de las llamadas “Profecías de los Falsos Cronicones”, cuando la 3ª Expedición histórica a la Cueva de Hércules, tenga lugar, el pez sostenido por el angel caerá al suelo de la Catedral, y será la señal del derrumbe de una vieja Era y el comienzo de otra Era Nueva, en la que la verdad se abrirá paso.

via: http://origenhumano.blogspot.mx/2013/01/la-cueva-de-hercules-alto-secreto.html:

El Maestro

esclavosemocionales_940x420_01-586x300

Érase una vez un maestro que hablaba a un grupo de gente y su
mensaje resultaba tan maravilloso que todas las personas que estaban
allí reunidas se sintieron conmovidas por sus palabras de amor. En
medio de esa multitud, se encontraba un hombre que había escuchado
todas las palabras que el maestro había pronunciado. Era un hombre
muy humilde y de gran corazón, que se sintió tan conmovido por las
palabras del maestro que sintió la necesidad de invitarlo a su hogar.
Así pues, cuando el maestro acabó de hablar, el hombre se abrió
paso entre la multitud, se acercó a él y, mirándole a los ojos, le dijo: «Sé
que está muy ocupado y que todos requieren su atención. También sé
que casi no dispone de tiempo ni para escuchar mis palabras, pero mi
corazón se siente tan libre y es tanto el amor que siento por usted que
me mueve la necesidad de invitarle a mi hogar. Quiero prepararle la
mejor de las comidas. No espero que acepte, pero quería que lo
supiera».
El maestro le miró a los ojos, y con la más bella de las sonrisas, le
contestó: «Prepáralo todo. Iré». Entonces, el maestro se alejó.
Al oír estas palabras el corazón del hombre se sintió lleno de júbilo. A
duras penas podía esperar a que llegase el momento de servir al
maestro y expresarle el amor que sentía por él. Sería el día más
importante de su vida: el maestro estaría con él. Compró la mejor
comida y el mejor vino y buscó las ropas más preciosas para
ofrecérselas como regalo. Después corrió hacia su casa a fin de llevar a
cabo todos los preparativos para recibir al maestro. Lo limpió todo,
preparó una comida deliciosa y decoró bellamente la mesa. Su corazón
estaba rebosante de alegría porque el maestro pronto estaría allí.
El hombre esperaba ansioso cuando alguien llamó a la puerta. La
abrió con afán pero, en lugar del maestro, se encontró con una anciana.
Ésta le miró a los ojos y le dijo: «Estoy hambrienta. ¿Podrías darme un
trozo de pan?».
El se sintió un poco decepcionado al ver que no se trataba del
maestro. Miró a la mujer y le dijo: «Por favor, entre en mi casa».

sabio3

La sentó en el lugar que había preparado para el maestro y le ofreció la comida
que había cocinado para él. Pero estaba ansioso y esperaba que la mujer
se diese prisa en acabar de comer. La anciana se sintió conmovida por la
generosidad de este hombre. Le dio las gracias y se marchó.
Apenas hubo acabado de preparar de nuevo la mesa para el maestro
cuando alguien volvió a llamar a su puerta. Esta vez se trataba de un
desconocido que había viajado a través del desierto. El forastero le miró
y le dijo: «Estoy sediento. ¿Podrías darme algo para beber?».
De nuevo se sintió un poco decepcionado porque no se trataba del
maestro, pero aun así, invitó al desconocido a entrar en su casa, hizo
que se sentase en el lugar que había preparado para el maestro y le
sirvió el vino que quería ofrecerle a él. Cuando se marchó, volvió a
preparar de nuevo todas las cosas.
Por tercera vez, alguien llamó a la puerta, y cuando la abrió, se
encontró con un niño. Éste elevó su mirada hacia él y le dijo: «Estoy
congelado. ¿Podría darme una manta para cubrir mi cuerpo?».
Estaba un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero
miró al niño a los ojos y sintió amor en su corazón. Rápidamente cogió
las ropas que había comprado para el maestro y le cubrió con ellas. El
niño le dio las gracias y se marchó.
Volvió a prepararlo todo de nuevo para el maestro y después se
dispuso a esperarle hasta que se hizo muy tarde. Cuando comprendió
que no acudiría se sintió decepcionado, pero lo perdonó de inmediato.
Se dijo a sí mismo: «Sabía que no podía esperar que el maestro viniese a
esta humilde casa. Me dijo que lo haría, pero algún asunto de mayor
importancia lo habrá llevado a cualquier otra parte. No ha venido, pero
al menos aceptó la invitación y eso es suficiente para que mi corazón se
sienta feliz».

sabio
Entonces, guardó la comida y el vino y se acostó. Aquella noche soñó
que el maestro le hacía una visita. Al verlo, se sintió feliz sin saber que
se trataba de un sueño. «¡Ha venido maestro! Ha mantenido su
palabra.»
El maestro le contestó: «Sí, estoy aquí, pero estuve aquí antes.
Estaba hambriento y me diste de comer. Estaba sediento y me ofreciste
vino. Tenía frío y me cubriste con ropas. Todo lo que haces por los
demás, lo haces por mí».
El hombre se despertó con el corazón rebosante de dicha porque
había comprendido la enseñanza del maestro. Lo amaba tanto que había
enviado a tres personas para que le transmitiesen la lección más
grande: que él vive en el interior de todas las personas. Cuando das de
comer al hambriento, de beber al sediento y cubres al que tiene frío,
ofreces tu amor al maestro.

Libro: La Maestria del Amor
Dr. Miguel Ruiz

frase-para-llegar-a-ser-sabio-es-preciso-querer-experimentar-ciertas-vivencias-es-decir-meterse-en-sus-nietzsche-138813

El Hilo de Oro

Un hilo de oro ensarta todas las religiones del mundo y entrelaza las vidas y doctrinas de cuantos profetas, videntes, filósofos, mesías y redentores en la historia fueron, y la de todos los hombres de perdurable autoridad. Todo lo que ellos hicieron o lograron estuvo sujeto a principios y leyes, y lo que uno hizo pueden hacerlo cuantos tengan las requeridas facultades para ello.

cordon de oro

Este mismo hilo de oro debe enhebrar las vidas de cuantos en el atareado mundo de nuestros días ansíen trocar la impotencia por el poderío, la debilidad y el sufrimiento por la fortaleza y el gozo, la pena y el desasosiego por paz completa, la miseria y penuria por copiosa abundancia de bienes.

Cada cual es el arquitecto y artífice de su propia vida, pero al mismo tiempo que erigimos interiormente el mundo de la conciencia, atraemos al mundo exterior y él nos atrae.

Los pensamientos son la fuerza edificante de que disponemos, porque fuerza es el pensamiento. Cada ser engendra y atrae a su semejante, y a medida que el pensamiento se espiritualiza, llegan a ser más sutiles y poderosos sus efectos. Esta espiritualización obedece a ciertas leyes y está bajo la potestad de todo hombre.

cadenita

Todas las cosas existen en el Universo invisible antes de manifestarse en el visible, en lo ideal antes de aparecer en lo real, en lo espiritual antes de mostrarse en lo material.El reino de lo invisible es el reino de las causas. El reino de lo visible es el reino de los efectos. La naturaleza del efecto está siempre determinada y condicionada por la naturaleza de la causa.

Un divino encadenamiento entrelaza el Universo entero y por todos los lugares la voluntad humana está vivificada por la voluntad divina, de manera que si con ella armonizamos la nuestra y obramos de acuerdo con las leyes y fuerzas superiores, seremos un eslabón del maravilloso encadenamiento del Universo. Tal es el secreto de todo éxito.

Así se llegan a adquirir desconocidas riquezas e inimaginables facultades.

R. W. Trin

tres dedos y un puño. Cuento Zen

“Un monje zen vivía con su hermano tuerto e idiota. Un día que tenía que conversar con un famoso teólogo, venido de lejos para verle, se vio obligado a ausentarse.

Le dijo entonces a su hermano:

-¡Recibe y trata bien a este erudito! ¡Sobre todo no le digas una sola palabra y todo irá bien!

El monje abandonó entonces el monasterio. A su regreso, fue a ver rápidamente a su visitante:

-¿Te ha recibido bien mi hermano? -le preguntó.

Lleno de entusiasmo el teólogo exclamó: Tu hermano es una persona muy notable. Es un gran teólogo. El monje, sorprendido, farfulló: -¿Cómo?… ¿mi hermano, un … teólogo? -Hemos tenido una conversación apasionante –prosiguió el erudito-, expresándonos sólo mediante gestos. Yo le he ensañado un dedo, el ha replicado mostrándome dos. Entonces yo le he respondido, como es lógico, mostrándole tres dedos, y él me ha dejado asombrado mostrándome un puño cerrado que ponía fin al debate… Con un dedo, yo le he indicado la unidad de Buda. Con dos dedos, él ha ampliado mi punto de vista recordándome que Buda era inseparable de su doctrina. Encantado por la réplica, con tres dedos, yo le he dado a entender: vida y su doctrina en el mundo. Entonces él me ha dado esta réplica sublime mostrándome su puño: Buda, su doctrina, el mundo, forman un todo. A esto se llama rizar el rizo.

Algún tiempo más tarde, el monje fue a ver a su hermano tuerto:

-¡Cuéntame lo que pasó con el teólogo!

-Es muy sencillo –dijo el hermano-. Él me provocó mostrándome un dedo para hacerme observar que yo no tenía más que un ojo. Al no querer ceder a la provocación, yo le repliqué que él tenía la suerte de tener dos. Se obstinó, sarcástico: “de todos modos, sumando los de los dos, hacen tres ojos”. Fue la gota que colmó el vaso. Mostrándole mi puño cerrado, le amenacé con dejarle tieso en el acto si no ponía fin a sus malintencionadas insinuaciones.”

engry_fist_verses_surprises_hand

Una historia de adivinación, por Lafcadio Hearn

Una vez conocí a un adivino que verdaderamente creía en la ciencia que profesaba. Había aprendido, como estudiante de filosofía china antigua, a creer en la adivinación mucho antes de pensar en practicarla. Durante su juventud sirvió a un rico daimyo, pero después, como miles de otros samurai, se vio reducido a vagabundo desesperado debido a los cambios sociales y políticos de la era Meiji. Fue entonces que se convirtió en adivino -un uranaiya

 

itinerante-, viajando a pie de pueblo en pueblo, regresando a casa raramente más de una vez al año, con las ganancias de sus viajes. Como adivino tenía un éxito tolerable, pienso, principalmente, debido a su perfecta sinceridad y sus modales peculiarmente gentiles que invitaban a la confianza. Su sistema era de la vieja academia clásica: usaba el libro conocido como I Ching junto a un juego de bloques de ébano que podían ordenarse para formar cualquiera de los hexagramas del libro.

Siempre comenzaba sus adivinaciones con una muy honesta plegaria a los dioses.

El sistema, sostenía, era infalible en manos de un maestro. Confesaba haber hecho algunas predicciones erradas, pero decía que estos errores se debían completamente a su mala comprensión de algunos textos o diagramas. Para hacerle justicia debo mencionar que en mi propio caso (me leyó la suerte cuatro veces), sus predicciones se cumplieron de manera tan acertada que llegué a temerlas. Pueden no creer en la adivinación, denigrarla intelectualmente, pero alguna tendencia de superstición heredada ronda dentro de la mayoría de nosotros y algunas experiencias extrañas pueden apelar fuertemente a esta herencia de manera de inducir la más irracional de las esperanzas o miedos ante la buena o mala suerte prometida por algún adivino. Ver realmente nuestro futuro sería miserable. ¡Imagine el resultados de saber que dentro de los próximos dos meses tendrá lugar una desgracia terrible que no puede prevenirse!

 

El adivino era anciano cuando lo conocí en Izumo, ciertamente mayor de sesenta años, pero de apariencia mucho menor. Después nos encontramos en Osaka, en Kyoto y en Kobe. Varias veces intenté convencerlo de que pasara los meses de invierno bajo mi techo, pues poseía un extraordinario conocimiento de la tradición que hubiera sido de valor inestimable para mi trabajo literario. Parcialmente debido a que el hábito de vagabundear se había convertido en su segunda naturaleza y en parte debido a un amor por la independencia tan salvaje como el de un gitano, nunca fui capaz de que pasara más de dos días conmigo.

 

Cada año solía venir a Tokyo, generalmente hacia fines de otoño. Entonces, por varias semanas, recorría la ciudad, distrito por distrito, luego volvía a desaparecer. Durante estos viajes fugaces nunca dejó de visitarme trayendo noticias de la gente y lugares de Izumo, o un raro presente -generalmente de tipo religioso- desde algún famoso lugar de peregrinaje. En estas ocasiones conversábamos varias horas. Algunas veces la conversación era sobre las cosas extrañas que había visto u oído en sus viajes, otras veces hablaba de viejas leyendas o creencias, a veces sobre la adivinación. La última vez que nos encontramos me contó de una ciencia exacta de adivinación china que lamentaba nunca haber podido aprender.

 

“Cualquiera versado en esa ciencia”, dijo “sería capaz, por ejemplo, no sólo de decir el momento exacto en que cualquier pilar o viga de esta casa se fatigará hasta romperse, además podría decir la dirección en que se romperá y los resultados de su caída. Puedo explicar mejor esto contando una historia”.

 

“La historia es acerca del famoso adivino chino que en Japón llamamos Shoko Setsu, está escrita en el libro Baikwa-Shin-Eki, que es un clásico de la adivinación: Cuando todavía era un joven, Shoko Setsu obtuvo un alto puesto debido a su virtud y erudición, pero renunció a este retirándose en soledad para intentar tener todo su tiempo dedicado al estudio. Por años vivió solitario en una choza en las montañas, estudiando, sin fogata en invierno, sin abanico en verano; escribiendo sus pensamientos en los muros de la cabaña -pues no tenía papel-, usando un ladrillo por almohada. Un día, en el período de mayor calor del verano, se encontró sobrecogido por un mareo. Decidió recostarse a descansar, con su ladrillo bajo la nuca. Apenas empezaba a conciliar el sueño una rata cruzó corriendo encima de su cara, por lo que despertó sorprendido. Sintiéndose muy enojado tomó el ladrillo y lo arrojó a la rata, pero la rata lo esquivó, escapando intacta, mientras que el ladrillo se rompió. Shoko Setsu miró apenado los fragmentos de su almohada, reprochándose su irreflexiva acción. Entonces, de súbito, percibió en la arcilla ahora expuesta de los trozos de ladrillo, unos caracteres chinos escritos entre la parte superior e inferior. Pensando que esto era muy extraño, recogió las piezas y las examinó cuidadosamente. Encontró siete caracteres a lo largo de la línea de fractura, que habían sido escritos en la arcilla antes de coser el ladrillo. Estos caracteres decían: ‘En el año de la liebre de tierra, en el cuarto mes, en el día diecisiete, a la hora de la Serpiente, este ladrillo, después de servir como almohada, será lanzado contra una rata y se romperá’. La predicción se había cumplido a la hora de la Serpiente el día diecisiete del cuarto mes del año de la liebre de tierra. Fuertemente sorprendido, Shoko Setsu miró otra vez los fragmentos descubriendo el nombre y sello de quien los escribiera. Inmediatamente abandonó su choza, llevando consigo el trozo de ladrillo. Se apresuró hacia el pueblo vecino en busca del hacedor de ladrillos. Encontrándolo en el curso de su trabajo diario, le mostró el trozo de ladrillo y le preguntó por la historia de este. Después de examinar cuidadosamente las marcas, el artesano le dijo: ‘Este ladrillo fue hecho en mi casa, pero los caracteres fueron escritos por un viejo adivino que pidió permiso para escribir en el poco antes que lo cociera, -¿Sabes dónde vive?-, preguntó Shoko Setsu; -Solía vivir no muy lejos de aquí, te puedo mostrar el camino a su casa, pero no sé su nombre’. Una vez en casa del adivino, Shoko Setsu llamó a la entrada y pidió permiso para conocer al anciano. Un estudiante que trabajaba como sirviente, le invitó gentilmente a entrar, guiándolo hasta una habitación donde había varios jóvenes estudiando. Cuando Shoko Setsu se sentó, todos lo saludaron, luego el estudiante que le había recibido hizo una reverencia y dijo: ‘Tenemos la pena de informarle que nuestro maestro ha muerto hace pocos días. Pero le estábamos esperando, pues él predijo que usted vendría este día, a esta misma hora. Usted se llama Shoko Setsu. Nuestro maestro nos dijo que le entregáramos un libro que le será útil. Aquí está el libro, por favor acéptelo’. Shoko Setsu no estaba menos sorprendido que agradado, pues el libro era un manuscrito del tipo más raro y precioso; contenía todos los secretos de la ciencia de la adivinación. Después de agradecer al joven y expresar adecuadamente su pésame por la muerte del maestro, regresó a su choza, donde inmediatamente procedió a evaluar el libro, consultándolo en relación a su propia fortuna. El libro sugirió que en el lado sur del terreno en que habitaba, en un punto especial cerca de una esquina de la choza, le esperaba una gran fortuna. Cavó en el lugar indicado encontrando un jarrón que contenía suficiente oro como para hacer de él un hombre muy rico”.

 

Mi viejo conocido abandonó este mundo tan solitario como había vivido. Un invierno, mientras cruzaba un área montañosa, fue sorprendido por una tormenta extraviándose. Muchos días después, le encontraron de pie al costado de un pino, con su pequeño atado de cosas al hombro: una estatua de hielo con los brazos cruzados y los ojos cerrados como si meditara. Probablemente, esperando el paso de la tormenta, sucumbió al frío y murió mientras dormía. Al escuchar su extraña muerte recordé el viejo proverbio japonés: “Uranaiya minouye shiradzu”, “El adivino no conoce su propio destino”.

en In Ghostly Japan, 1899

Traducción: Raimundo Melun

vía Go Ediciones: Una historia de adivinación, por Lafcadio Hearn.