Archivo por meses: agosto 2013

Mantente erguido y sonríe

Mantente erguido

En la dicha o en la angustia,

en miseria o en riqueza,

en salud o enfermedad,

mantente erguido y sonríe.

 

Ante quienes se abalanzan,

o se echan al vacío,

o se hieren mutuamente,

mantente erguido y sonríe.

Y si avanzan a codazos,

y ávidos tienden la mano

o se ocultan al acecho,

mantente erguido y sonríe.

 

Ante aquellos que disputan,

ante aquellos que se injurian,

y los cierran los puños,

y los que apuntan sus armas,

mantente erguido y sonríe.

 

En el día de la ira

y de la desbandada,

cuando todo cae y arde,

solo en medio del pavor,

mantente erguido y sonríe.

 

Ante justos cuellitiestos,

ante jueces implacables

y afanosos personajes,

mantente erguido y sonríe.

 

Cuando oigas tu alabanza,

o te escupan en la cara,

mantente erguido y sonríe.

 

Y si estás entre los tuyos,

mantente erguido y sonríe.

Y delante de tu amada,

mantente erguido y sonríe.

 

En los juegos y en las danzas,

mantente erguido y sonríe.

 

En vigilias y en ayunos,

mantente erguido y sonríe.

 

Solo, en el alto silencio,

mantente erguido y sonríe.

 

Y ya al borde del gran viaje,

aun cuando lloren tus ojos,

mantente erguido y sonríe.

 

 

(Lanza del Vasto, Umbral de la vida interior, Sígueme, Salamanca, 1976, p. 69-70)

 

himno del universo Teilhard de Chardin

La Potencia Espiritual de la materia

 

Pierre Teilhard de Chardin

Taurus ediciones, Madrid 1967

La Misa sobre el Mundo

Esta oración se la inspiró a Teilhard la imposibilidad de celebrar la eucaristía al encontrarse en pleno desierto de Ordos, durante una expedición científica. Probablemente fuera el día de la Transfiguración, fiesta por la que sentía una predilección especial.

el ofertorio

No tengo ni pan, ni vino, ni altar. Otra vez,  Señor. Ya no en los bosques del Aisne, sino en la estepas de Asia. Por cual trascenderé los símbolos para sumergirme en la pura majestad de lo Real, y yo, tu sacerdote, te ofreceré el trabajo y la aflicción del mundo sobre el altar de la Tierra entera.

A lo lejos el sol ha terminado de iluminar las fronteras del primer Oriente. Una vez más, bajo el manto ondulante de sus fuegos, la superficie de la tierra se despierta, se estremece, y reanuda su mágico trabajo. Colocaré sobre mi patena, oh mi Dios, la cosecha anhelada de este nuevo esfuerzo. Derramaré en mi cáliz el zumo de todos frutos que hoy habrán madurado.

Mi cáliz y mi patena son las profundidades de un alma pródigamente abierta a todas las fuerzas que, dentro de un instante, se elevarán de todos los puntos del Globo para derramarse hacia el Espíritu. Que vengan pues hacia mí el recuerdo y la mística presencia de aquellos que la luz despierta para una nueva jornada.

Uno a uno, Señor,  veo y amo a todos lo que me has regalado como sostén y como encanto natural de mi existencia. Uno a uno, también, los considero miembros de una familia nueva y muy querida. A mi alrededor se han ido juntando paulatinamente, a partir de los elementos más disparatados, las parentescos del corazón, de la investigación científica y del pensamiento. De modo más impreciso, evoco, sin excepción, a todos los que conforman la hueste anónima, la masa innumerable de los vivientes : los que me rodean y me sustentan, sin que los conozca ; los que vienen  y los que se van ; especialmente los que en la verdad o en el error, en su escritorio, en su laboratorio o en su fábrica, creen en el progreso de las Cosas, y buscarán hoy apasionadamente la luz.

Quiero que en este momento todo mi ser repique al son del murmullo profundo de esta multitud de contornos confusos o definidos cuya inmensidad espanta, estremecido al eco de este Océano humano, cuyas oscilaciones parsimoniosas y monótonas trastornan el corazón de muchos creyentes. Señor, me esfuerzo en fusionar todo lo que a lo largo de esta jornada va a progresar en el Mundo, todo lo que va a disminuir, y también todo lo que va a morir, a fin de convertirlo en la materia de mi sacrificio, el único que te es agradable.

Antiguamente llevaban a tu templo las primicias de  las cosechas o lo mejor de los rebaños. El crecimiento del Mundo conducido por el devenir universal es la ofrenda que ciertamente tu esperas, de la cual tienes una misteriosa necesidad para calmar tu hambre cotidiana, para apagar tu sed.

Recibe, Señor, esta Hostia total que la Creación, muda por tu atractivo,  te presenta en el alba recién estrenada. Sé bien que este pan, nuestro esfuerzo, por si mismo no es más que una inmensa desagregación. Desgraciadamente este vino, nuestro dolor, es apenas una bebida disolvente. Pero tu has colocado en el fondo de esta masa informe,  estoy seguro, y así lo siento , un irresistible y santificante deseo que nos hace gritar a todos, desde el impío hasta el fiel : ¡Señor, haznos uno !

A falta del celo espiritual  y de la sublime pureza de tus santos, me has dado, Dios mío, una simpatía irresistible por todo lo que se mueve en la materia oscura. Me reconozco al punto como un hijo de la tierra más que como un vástago del cielo, y por eso me elevaré esta mañana, en el pensamiento, sobre los altos espacios, cargados de la esperanzas y de las miserias de mi madre ; y allí, con la fortaleza de un sacerdocio que solamente tú, estoy seguro, me has regalado, invocaré el fuego sobre todo lo que en carne humana se apresta a nacer o a morir bajo el sol que asciende.

El fuego más allá del Mundo

El fuego, es el principio del ser. Hemos sido dominados por la ilusión pertinaz de que el fuego nace de las  profundidades de la Tierra y que su lumbre se enciende progresivamente a lo largo del brillante andamiaje de la Vida. Señor, me has concedido la gracia de comprender que esta visión era falsa, y que para descubrirte tenía que invertirla. Al principio existía la potencia inteligente, amante y activa. Al principio estaba el Verbo soberanamente capaz de consolidar y dar consistencia a toda la materia que iría luego a nacer. Al principio no había frío y tinieblas, estaba el Fuego. He aquí la verdad.

Nuestra noche no engendra gradualmente la luz, sino que por el contrario es la luz preexistente la que, paciente e infaliblemente, destierra nuestras sombras. Nosotros, creaturas, somos, por nosotros mismos, la Sombra y el Vacío. Tu eres, Dios mío, el fondo mismo y la estabilidad del Medio eterno, sin duración ni espacio, en el cual, gradualmente, nuestro Universo emerge y culmina, perdiendo los límites por los cuales nos parece tan enorme. Todo es ser y no existe sino el ser está por doquier, más allá de la fragmentación de las creaturas, y de la  oposición de sus átomos.

Espíritu ardiente, tú eres el Fuego fundamental y persona, Manantial real de una unión mil veces más hermosa y deseable que la fusión devastadora imaginada por todos los panteísmos. Dígnate descender una vez más, para darle un alma, sobre la impalpable película de la materia nueva, de la cual se va a hoy a arrebujar el mundo.

Lo se. No sabríamos dictar, ni siquiera anticipar, el menor de tus gestos. Tuyas son todas las iniciativas, comenzando por la de mi oración.

Verbo resplandeciente, Potencia ardiente, Tu que petrificas el Múltiple  para insuflarle tu vida, impone, te lo ruego, sobre nosotros, tus manos santas, tus manos previsoras, tus manos omnipresentes. Manos que no están aquí o allá, como una mano humana, sino que se encuentran fundidas en la profundidad y la universalidad presente y pasada de las Cosas, manos que nos acarician simultáneamente en lo que tenemos de más vasto y de más interior, dentro y en derredor nuestro.

Prepara con tus manos invencibles la gran obra que imaginas y acepta, con suprema condescendencia, el esfuerzo terrestre que te presento en este momento, anudando la totalidad de las cosas en mi corazón. Tú que sabes porqué es imposible que la creatura nazca de otro modo, arregla,  rectifica, refunda, desde sus orígenes, todo lo que ahora está siendo conducido en alas del diseño de una interminable evolución.

Pronuncia ahora sobre mí y por mi boca, la doble y eficaz palabra, sin la cual todo se estremece, todo se separa, en nuestra sabiduría y en nuestra experiencia. Palabras con las que todo se une y todo se consolida hasta perderse de vista en nuestras especulaciones y en nuestra  práctica del Universo.   Sobre toda vida que va hoy a germinar, crecer, florecer y madurar repite ”Este es mi cuerpo”. Y sobre toda muerte que se apresta a morder, herir, cortar, ordena (misterio de fe por excelencia)“Esto es mi sangre”.

El fuego en el mundo

Ya está.

Una vez más el Fuego ha penetrado la Tierra.

No ha caído estrepitosamente, como un rayo sobre las montañas. ¿Acaso el Dueño tiene que forzar las puertas para entrar en su casa ?

Sin seísmos, sin truenos, aparece la llama que ha iluminado todas las cosas por dentro. Desde el corazón del menor de los átomos hasta la energía  de las leyes más universales, ha invadido con total naturalidad, a cada individuo y en su conjunto, cada elemento, cada patrón, cada unión de nuestro Cosmos, tanto que podría creerse que éste se ha incendiado espontáneamente.

En cada nueva Humanidad que se hoy se engendra, el Verbo ha prolongado el acto sin fin de su nacimiento, y por la virtud de su inmersión en el seno del Mundo, las grandes aguas de la Materia, sin un escalofrío, han sido cargadas de vida. En apariencia nada se ha estremecido, bajo la inefable transformación. Sin embargo, misteriosa y realmente, al contacto con la palabra substancial, el Universo, inmensa Hostia, se ha hecho Carne. A partir de entonces toda materia se ha encarnado, Dios, mío, por tu encarnación.

El Universo : hace ya mucho tiempo que había reconocido en nuestros pensamientos y nuestras experiencias humanas las extrañas propiedades que hacen al Universo tan parecido a una carne…

Como la Carne, nos atrae el encanto que flota en el misterio de sus  pliegues y la profundidad de sus ojos.

Como la Carne, se descompone y se disipa bajo el trabajo de nuestros análisis, de nuestras frustraciones y de su propia duración.

Como la Carne,  no se le disfruta verdaderamente sino mediante el esfuerzo infinito por llegar siempre más allá de lo que no es concedido.

Señor, todos al nacer participamos de la herencia de dolor y esperanza que transmiten las generaciones y experimentamos la conjunción desconcertante de proximidad y de distancia. No hay nostalgia más desolada que la que hace llorar al hombre de irritación y de deseo en el regazo de la Presencia que flota impalpable y anónima, en todas las cosas y en su derredor, “¡Ay, si por acaso lo pudiera poseer !”.

Señor, por la Consagración del Mundo, el fulgor y el perfume flotando en el Universo asumen en este momento cuerpo y rostro en Tí. Lo que vislumbraba mi pensamiento titubeante, lo que reclamaba mi corazón por un deseo inverosímil, me lo has regalado con esplendidez. Las creaturas no son no sólo solidarias entre ellas de modo que ninguna pueda existir sin las que la rodean. Están todas consolidadas en un único centro real. En definitiva, una única Vida verdadera recibida en común les otorga su consistencia y su unidad.

Dios Mío, ¡destraba por la audacia de tu Revelación la timidez de un  pensamiento pueril que no se atreve a concebir nada más dilatado, ni más viviente en el mundo, que la perfección miserable de nuestro organismo humano ! En el camino de una comprensión más osada del Universo, los hijos del siglo aventajan habitualmente a los maestros de Israel. Señor Jesús (en quien todas las cosas encuentran su consistencia), revélate por fin a quienes te aman, como el Alma superior y el Solar físico de la Creación.  ¿Él está en tu vida, no lo ves ? Si yo no pudiera creer que tu presencia real anima, aligera, caldea la menor de las  energías que me penetran o me tocan, ¿acaso no moriría yo de frío, aterido en los resquicios de mi ser ?

¡Gracias, Dios mío, por haber conducido mi mirada, de mil maneras, hasta hacerme descubrir la inmensa simplicidad de las Cosas ! Gradualmente las aspiraciones que haz depositado en mí cuando era todavía un niño han ido creciendo irresistiblemente. Me has hecho pasar las órbitas progresivas gracias a la influencia de amigos excepcionales, que se encontraron en puntos claves de la ruta para esclarecer y fortificar mi espíritu. Al despertar de iniciaciones terribles y dulces he llegado a no poder nada ver ni respirar fuera del medio en el cual todo no es nada más que Uno.

Tu Vida acaba de sobrevenir con fuerza desbordante en el Sacramento del Mundo, y por eso gustaré, con una conciencia exasperada, la fuerte y calma embriaguez de una visión de la que no puedo agotar la coherencia y las armonías.

En presencia de y dentro del mundo asimilado por tu carne, devenido tu carne no experimento ni la absorción del monismo ávido de fundirse en la unidad de las cosas, ni la emoción del pagano prosternado a los pies de una divinidad tangible, ni el abandono pasivo del quietista acunado al antojo de las energías místicas.

Tomando de cada una de estas corrientes algo de su energía sin optar por ninguna, tu Presencia universal me dispone en una admirable síntesis en la cual se asocian, corrigiéndose, las tres pasiones más formidables que puedan jamás desencadenarse en un corazón humano.

Como el monista me sumerjo en la Unidad total, pero la Unidad que me recibe es tan perfecta que en ella descubro, perdiéndome, el último acabamiento de mi individualidad.

Como el pagano adoro un Dios tangible,  llego a palpar a ese Dios en toda la superficie y en toda la profundidad del Mundo de la Materia a la que estoy ligado. Pero para atraparlo como yo quisiera (o simplemente para seguir tocándolo) tengo que desplazarme cada vez más lejos, a través y más allá de toda tentativa, sin poder jamás descansarme en nada, transportado incesantemente  por las creaturas, dejándolas por el camino, en continua acogida  y en constante abandono.

Como el quietista, me dejo acunar deliciosamente por la divina Fantasía. Sabiendo, sin embargo que la Voluntad divina no me será revelada en un abrir y cerrar de ojos, sino al llegar al extremo de mi esfuerzo. No tocaré a Dios en la materia, como Jacob, sino cuando haya sido vencido por él.

Me ha sido manifestado el Objeto definitivo, total, sobre el cual se ha despertado mi naturaleza. Las potencias de mi ser se ponen a vibrar espontáneamente siguiendo una Nota Única, increíblemente rica, donde no distingo, unidas sin esfuerzo, las tendencias más opuestas : la exaltación del  obrar y la alegría del padecer ; la voluptuosidad de poseer y la fiebre de desechar ; el orgullo de crecer y el bienestar de desaparecer en alguien más grande que uno mismo.

Rico de la savia del Mundo, asciendo hacia el Espíritu que me sonríe después de cada conquista, vestido con el esplendor concreto del Universo. No sabría decir, perdido en el misterio de la Carne divina, cual es la más esplendorosa de la bienaventuranzas : haber encontrado el Verbo para dominar la Materia, o poseer la Materia para alcanzar y abismarse en la luz de Dios.

Señor, haz que tu habitación bajo las Especies universales se convierta verdaderamente en una Presencia real y no sea solamente querida y acariciada por mí como el fruto de una especulación filosófica. Querámoslo o no, por tu poder y por derecho propio, te has encarnado en el Mundo, y nosotros vivimos adheridos a tí. Pero es necesario, y cuánto, que tú estés próximo de cada uno de nosotros. Por una parte todos estamos siendo conducidos al regazo de un idéntico Mundo. Por otra cada individuo constituye su  pequeño Universo en el cual la Encarnación se realiza independientemente, con intensidad de matices incomunicables. En nuestra plegaria en el altar pedimos, pues, que en la consagración el misterio se haga realidad para nosotros: “Para que sea para nosotros el Cuerpo y la Sangre… » Si creo firmemente que todo a mi alrededor es el Cuerpo y la sangre del Verbo, para mí ( y en cierto modo sólo para mí mismo),  se produce la maravillosa “Diafanía”. Ella hace posible objetivamente que en la profundidad de todo acontecimiento y de todo elemento transparentemos el calor luminoso de un mismo Camino. La luz se apaga, todo se vuelve oscuro, todo se  malogra apenas, desdichadamente, mi fe se debilita,.

En la jornada que comienza, Señor, acabas de descender. Por los mismos acontecimientos que se preparan a nacer ¡todos acogemos aquella infinita diversidad en la graduación de tu Presencia ! Concretamente te harás presente un  poco, mucho, progresivamente, o de ningún modo en idénticas circunstancias que me habrán de comprometer tanto a mí como a mis  hermanos.

Para que  hoy no me pueda dañar ningún veneno, para ninguna muerte me mate, para que ningún vino me aturda, para que en toda creatura te descubra y te sienta, Señor, haz que yo crea.

Comunión

El  Fuego ha descendido en el corazón del Mundo para poseerme y absorberme. Desde luego que no es suficiente que lo contemple y que por una fe cultivada intensifique su lumbre a mi alrededor.  Es necesario que después de haber cooperado, con todas mis fuerzas, a la Consagración que le hace irradiar, acepte también la Comunión que le dará, en mi persona, el alimento que vino a buscar.

Me prosterno, Dios mío,  ante tu Presencia en el Universo inflamado, y, te deseo y te espero bajo los rasgos de todo lo que habré de encontrar, y de todos lo que habrá de suceder, y de todo lo que habré realizar en este día.

Es terrible haber nacido, es decir encontrarse irrevocablemente involucrado, sin haberlo querido, en un torrente de energía formidable que parece querer destruir todo lo que arrastra en su interior.

Dios mío, por una inversión de fuerzas que tú solo puedes hacer, quiero que el miedo que me asalta ante las incontables alteraciones que renovarán mi ser, se cambie en la alegría desbordante de ser transformado en Ti.

Extenderé sin vacilar la mano hacia el pan caliente que me presentas. En este pan, donde has condensado el germen de todo perfeccionamiento, reconozco el principio y el secreto del futuro que me reservas. Estoy seguro de que consumirlo implica abandonarme a las potencias que me desarraigarán dolorosamente de mí mismo para lanzarme al peligro, al trabajo, a la renovación constante de las  ideas, al desapego austero en los afectos. Comerlo es aceptar en todo y sobre todo, un gusto y una afinidad que volverán desde ahora imposibles las alegrías en las que se solazaba mi vida.  Señor Jesús, acepto ser poseído por Tí. Unido a tu Cuerpo seré conducido por su inefable potencia hacia las soledades donde no habría jamás osado subir solo. Instintivamente, como todo Hombre, me gustaría levantar aquí una tienda sobre una cima elegida. Como todos mis hermanos tengo miedo de un futuro sobradamente misterioso y demasiado nuevo hacia el cual me empuja el  tiempo. Me pregunto, ansioso como ellos, donde me conduce la vida…. Pueda esta Comunión del pan, el Cristo revestido de las potencias que dilatan el Mundo, liberarme de mi timidez y de mi falta de desafíos !  Dios mío, me abandono a tu palabra en medio del torbellino de las luchas y de las energías donde se desarrollará mi capacidad para atrapar y saborear tu Santa Presencia.  Aquel que ame apasionadamente a Jesús escondido en las fuerzas que hacen crecer la Tierra, a él la Tierra, maternalmente, lo alzará en sus brazos gigantes, y le hará contemplar el rostro de Dios.

Si tu Reino, Dios mío, fuese de este Mundo, para  poseerte sería suficiente el que me confíe a esa potencia que mientras nos hacer sufrir y morir nos dilata manifiestamente tanto a nosotros como a lo que es más querido que nosotros mismos. El Término hacia el cual se mueve la Tierra está en el más allá, trascendiendo no sólo de cada individuo, sino el conjunto de las cosas. La misión del Mundo no consiste en engendrar en su intimidad una Realidad suprema, sino en perfeccionarse mediante la unión en un Ser preexistente. Por lo cual para llegar al centro refulgente del Universo, al Hombre no le es suficiente vivir de más en más para sí mismo, ni gastar su vida en una causa terrestre, por más grande que esta sea. El Mundo no puede alcanzar su meta, Señor, sino por una especie de inversión, de viraje, de excentricidad, en la que desaparezcan temporalmente tanto los conquistas de los individuos como la misma apariencia de toda recompensa humana. De ese modo mi ser será definitivamente incorporado al tuyo. Es necesario que muera en mí no solamente la mónada, sino el Mundo, es decir que yo pase por la fase desgarradora de una disminución que nada de tangible vendrá a resarcir. Es por eso que tú me ofreces este Cáliz que recoge la amargura de todas las separaciones, de todas las limitaciones, de todos los fracasos estériles.

“Bebed todos de él”

Cómo podría apartar de mí, Señor, este cáliz, una vez que me has hecho gustar el pan, y que se ha deslizado en la médula de mi ser la inextinguible pasión por aferrarte, más allá de la vida, a través de la muerte. La Consagración del Mundo se interrumpiría inmediatamente si en tus escogidos, los futuros creyentes, tu no vigorizaras las fuerzas que inmolan junto a las que vivifican.

Mi Comunión sería incompleta (simplemente no sería cristiana) si, con los progresos que me aporta esta nueva jornada, no recibiera en mi nombre y en nombre del Mundo, como la participación más directa a tí mismo, el trabajo, sordo o manifiesto, de desgaste, de vejez y de muerte que mina incesantemente el Universo, para su salvación o para su condenación. Me abandono perdidamente, oh mi Dios, a las acciones impresionantes de disolución por las cuales hoy tu divina Presencia reemplazará, quiero creerlo ciegamente, mi estrecha personalidad. Aquel que habrá amado apasionadamente a Jesús escondido en las fuerzas que hacen madurar la Tierra, a él la Tierra extenuada lo apretará en sus brazos gigantes y, junto a ella, se despertará en el seno de Dios.

Oración

Jesús, escondido bajo las potencias del mundo te has convertido verdaderamente y físicamente en todo para mí, todo alrededor de mí, todo en mí. Quiero ahora consumir en una misma aspiración la embriaguez de lo que ya poseo y la sed de lo que aún carezco. Yo, tu servidor, te repetiré las palabras inflamadas por las que será reconocido de modo siempre más patente, creo en ello ineluctablemente, el Cristianismo del mañana.

Señor, guárdame en lo más profundo de las entrañas de tu corazón. Y cuando me hayas poseído, quémame, purifícame, inflámame, sublímame, hasta la satisfacción perfecta de tu querer, hasta la más completa aniquilación de mí mismo.

“Tu autem, Domine mi, include me in imis visceribus Cordis tui. Atque ibi me detine, excoque, expurga, accende, ignifac, sublima, ad purissimum Cordis tui gustum atque placitum, ad puram annihilationem meam.”

“Señor”.  ¡Oh, al fin ! ¡Mediante la celebración del doble misterio de la Consagración y de la Comunión universales he descubierto a alguien a quien pueda designar, a corazón pleno, con el nombre de Señor ! Mi amor ha sido tímido y tedioso mientras solamente me he atrevido a ver en tí, Jesús, al hombre de hace dos mil años, el Moralista sublime, el Amigo, el hermano. Amigos, hermanos, sabios, ¿qué es lo más grande que tenemos, lo más exquisito y más cercano a nuestro alrededor ? ¿Acaso el Hombre puede entregarse plenamente a una naturaleza meramente humana ? Desde siempre el Mundo por encima de todo Elemento del Mundo había conquistado mi corazón, y jamás ante ninguna otra persona, hubiera orado con sinceridad. Hace mucho tiempo, inclusive creyendo, me equivocaba no sabiendo lo que amaba. Hoy por la manifestación de los poderes sobrehumanos que te ha conferido la Resurrección, te haces transparente para mí, Maestro, a través de todas las  Potencias de la Tierra, ahora, te reconozco como mi Soberano y me entrego deliciosamente a Tí.

Oh Dios mío, ¡qué extrañas son los caminos de tu Espíritu ! Cuando hace dos siglos se ha dejado sentir en tu Iglesia el encanto nuevo de tu Corazón, parecía que las almas eran seducidas al descubrir en Tu Humanidad abstracta un elemento más determinado, más concreto. Pero ¡ahora estamos ante una repentino giro semántico ! Es evidente que por la “revelación” de tu Corazón has querido, Jesús, dotar a nuestro amor el medio de escapar a lo que había de excesivamente estrecho, demasiado preciso, de muy limitado, en la  imagen que tí nos hacíamos. En el medio de tu pecho solamente contemplo un horno, y cuanto más me detengo en este horno ardiente más me parece que todo a su alrededor, los contornos de tu Cuerpo, se diluyen, que se agrandan más allá de toda medida hasta que no distingo más en tí otros rasgos que la figura de un Mundo llameante.

Cristo glorioso, influencia secretamente difusa en el seno de la Materia y Centro enceguecedor al que entrelazan las fibras innumerables de lo Múltiple. Potencia implacable como el Mundo y cálida como la Vida. Tú, cuya frente es de nieve, los ojos de fuego, los pies más chisporroteantes que el oro en fusión ; tú cuyas manos aprisionan estrellas ; tú que eres el primero y el último, el viviente, el muerto y el resucitado ; Tu que aglutinas en tu unidad exuberante todos los encantos y todos los placeres, todas las fuerzas y todos los estados ; eres Tú a quien mi ser llamaba con un deseo tan inmenso como el universo : Tú eres verdaderamente mi Señor y mi Dios.

Aprisióname en Ti, Señor

¡Ah!, creo (creo inclusive que esta fe ha resultado ser uno de los fundamentos de mi vida íntima), que las tinieblas absolutamente  exteriores a Ti serían pura nada. Nada puede subsistir fuera de tu Carne, al punto de que aquellos mismo que ha sido excluidos de tu amor se benefician aún, para su desgracia, del soporte de tu presencia. Todos estamos irremediablemente en Tí, ¡Medio universal de consistencia y de vida ! No somos cosas totalmente acabadas, pasibles de ser concebidas indiferentemente como próximas o alejadas de Tí, porque en nosotros el sujeto de la unión crece juntamente con la misma unión que nos entrega progresivamente a Tí. Señor, en nombre de aquello que hay de más esencial en mi ser, escucha el deseo de esta cosa que me atrevo a llamar mi alma, por más que cada día más, comprenda cuánto es más grande que yo y para calmar mi sed de existir, a través las zonas sucesivas de tu Substancia profunda, hasta los pliegues más íntimos del Centro de tu Corazón, atráeme.  !

Mas te encuentro profundo, Maestro, en la medida de que tu influencia se manifiesta universal, más contemplo como en cada  instante me abismo en Tí. Todas las cosas conservan a mi alrededor su sabor y sus contornos, pero, a pesar de todo, las veía, por el alma secreta, absorbidas en un Elemento único, infinitamente próximo, e infinitamente distante. Si estuviera aprisionado en la  intimidad envidiosa de  un santuario divino, me sentiría sin embargo vagar libremente  a través del cielo de todas las creaturas. En ese momento sabría que  me aproximo al lugar central donde confluye el corazón del Mundo en la irradiación descendente del Corazón de  Dios.

En este punto de inclusión universal actúa sobre mí, Señor, por medio del fuego conjunto de todas las acciones interiores y exteriores que, si estuviera más lejos de Ti, serían neutras, equívocas y hostiles. Animadas por una Energía “que puede someter todo a sí mismo”,  se convierten en las profundidades síquicas de tu Corazón, en ángeles de operación victoriosa. Por una combinación maravillosa, con tu atractivo, con el encanto de las creaturas y su insuficiencia, con su dulzura y su malicia, su debilidad desencantadora, exalta progresivamente y desengaña mi corazón, enséñale la verdadera pureza, la que no es una separación anémica de las cosas, sino un impulso a través todas las bellezas; revélale la verdadera caridad, la que no es ya el miedo estéril de hacer el mal, sino la voluntad vigorosa de forzar, todos  juntos, las puertas de la vida ; concédele, en fin, concédele sobre todo, por una visión prominente de tu omnipresencia, la  pasión dichosa de descubrir, de hacer y de padecer, siempre un poco más, el Mundo, a fin de penetrar siempre más en ti.

Toda mi alegría y mi éxito, toda mi razón de ser y mis gusto de vivir, Dios mío, están suspendidos a esta visión fundamental de tu conjunción con el Universo. ¡Que otros anuncien, cumpliendo una función más alta, los esplendores del puro Espíritu ! Para mí, dominado por una vocación que se aferra hasta últimas fibras de mi naturaleza, no quiera ni puedo proclamar otra cosa que las innumerables prolongaciones tu Ser encarnado a través de la materia ; no sabría jamás predicar sino el misterio de tu Carne, oh alma que te transparentas en todo lo que nos rodea !

A tu Cuerpo en toda su extensión, es decir al Mundo que, por tu poder y por mi fe, ha resultado ser el crisol magnífico y viviente donde todo desaparece para renacer, por todos los recursos que me ha hecho brotar en mí tu atracción creadora, por mi ciencia excesivamente débil, por mis lazos religiosos, por mi sacerdocio (al cual sobre todo me aferro), por el fondo de mi convicción humana, a este Cuerpo me consagro para vivir  y morir en él, Jesús.

Ordos, 1923

El Ego en el Mito de Osiris

EL EGO en el MITO DE OSIRIS
 isis horus osiris

 

Entre los antiguos egipcios el ego era representado bajo la figura de Seth y sus confederados. Este era el dios de la enfermedad, la tormenta y la confusión. Asesino del grande y buen dios Osiris, es finalmente vengado por el hijo de éste.
La leyenda de Osiris, así como las ceremonias que derivaron de ella, revisten una gran importancia. No sólo fueron el alma de la religión egipcia durante miles de años, sino que constituyen la fuente de inspiración para variedad de versiones y dramas similares que aparecieron por todo el mundo mediterráneo más adelante.
Paradójicamente, no existe un texto egipcio que contenga la relación completa e la leyenda de Osiris. Existen fragmentos grabados en estelas o anotaciones en papiros incompletos, pero es a los griegos, sobre todo a Plutarco, a quienes debemos el conocimiento de una versión completa de la “historia” de Osiris.
Algunos estudiosos opinan que este silencio de los textos egipcios en torno a una figura tan importante en su mundo, se debe a que su culto estaba asociado a una doctrina esotérica transmitida en secreto y vedada por tanto de ser transcrita en los textos oficiales.
Osiris “dios venerable, grande y bienhechor, príncipe de la eternidad” como lo llama un himno, fue generado en la misma forma que las otras deidades, pero está especialmente cerca de los hombres, es su maestro: su mito, sus misterios, su culto, guían la religión de todo Egipto durante miles de años.
Es sagrado, es santo, no se puede aludir directamente a su persona. Heródoto mismo rehusará hablar explícitamente de Aquél.
La leyenda que presentamos a continuación es una versión simplificada para beneficio del lector no técnico, y está basada sobre todo en los autores griegos, aunque también considera las fuentes egipcias, incluso la inscripción del templo de Edfú. Después de haberla revisado, pasaremos al análisis de la misma de acuerdo al sistema propuesto.

LEYENDA DE OSIRIS

Nuit, la diosa del cielo y Sibú, el dios de la tierra, tuvieron cinco hijos: Osiris, Harneris, Seth, Isis y Neftis.
El primero de sus hijos fue Osiris. Tenía un hermoso rostro de piel mate y oscura; era muy alto. Ra, el dios del Sol, su bisabuelo, mando lo llevasen a su corte y lo hizo educar tal y como conviene a un heredero del trono. Osiris creció aún más y más tarde se casó con Isis, su hermana y cuando llegó a ser rey, ella le ayudó activamente en todas sus empresas.
En aquellos tiempos los egipcios eran todavía semi salvajes.
Osiris les enseño a conocer las plantas que podían servirles como alimento, así como la forma de labrar los campos.
Isis, a su vez, los curó y atendió en sus necesidades. Les enseñó a vivir en familia e inventó el arte de tejer.
Osiris les enseñó así mismo el respeto debido a los dioses y el culto que debía rendírseles. Mandó a construir bellísimos templos y finalmente edificó grandes ciudades. Y aún hizo algo más por los hombres. Acompañado por Toth, el Seños de la Voz, les entregó eso tan maravilloso que es la escritura.
Osiris quiso ser también un gran conquistador, pero se adueño de los pueblos con dulzura y persuasión. Partió a través de toda el Asia y de toda a Tierra.
Desde entonces lo llamaron el Ser Bueno, Unnefem: el que se consagra ala salvación de los hombres. Pero estaba destinado a perecer a causa de la ingratitud y el espíritu del mal.
A su lado vivía su hermano: el impío, el violento Seth. Era el tercer hijo de Nuit y tenía la tez blanca y los cabellos rojos, tal como tienen la pelambre algunos asnos (por eso los asnos le han sido consagrados). Era muy violento de carácter, receloso, malvado.
Al regreso de Osiris, tuvieron lugar en Menfis grandes regocijos para festejar al viajero. Seth aprovechó esta ocasión para apoderarse del trono. Cual si fuera un buen hermano, invitó a Osiris a un gran banquete que ofreció en su honor, al que asistieron los oficiales adictos y cómplices de Seth. Mediante un ardid, logró que Osiris se introdujera en un cofre de madera especialmente preparado. En ese momento los traidores sellaron el cofre y lo arrojaron al Nilo.
Isis presa de gran aflicción buscó durante mucho tiempo, sin descansar jamás, el cofre de su amado. Por fin lo encontró en Biblos, Siria.
Entonces Isis se refugió en Buto, la ciudad que la vio nacer. Allí trajo al mundo a Horus y allí lo amamantó y allí creció.
Sin embargo Seth, cazando a la luz de la luna descubrió el cofre en el lugar apartado donde Isis lo había colocado. Al instante descuartizó el cuerpo de su hermano en trozos que dispersó al azar.
La desgraciada Isis, al enterarse de la nueva fechoría, volvió a emprender su doloroso peregrinaje en busca de los restos del cuerpo de Osiris. Poco a poco consiguió recuperarlos.
Cuando al fin recuperó aquellos pobres deshechos, la diosa Isis llamó a Neftis, su hermana, a Horus, su hijo querido, a Toth, el Ibis, y a Anubis, el chacal. Arregló los restos de Osiris, los embalsamó y los transformó en una momia imperecedera. Mediante ritos y fórmulas mágicas consiguieron la resurrección de Osiris.
Después de haber resucitado, Osiris habitó en los islotes arenosos del Nilo, sin envejecer jamás. Más tarde se marcho, cruzó los mares, hasta que al fin se elevo a los cielos, allí en la Vía Láctea. El Sol y la Luna lo iluminan con sus rayos.
Osiris no murió del todo en la Tierra. El hijo de Osiris nació después de la muerte de su padre, Isis lo trajo al mundo en los pantanos del lago Burlos.
Allí lo crió en soledad, sin que nadie supiera donde estaba, para protegerlo de las asechanzas y los ataques de Seth, el malvado. Algunas veces el niño, transformado en halcón, se alimentaba sirviéndose del pico. Horus continuó creciendo, aprendió a leer en los libros y estudiaba los papiros.
Horus se consagró por completo a la tarea de vengar a su padre. Reunió a su alrededor a los egipcios que habían permanecido fieles a Osiris y sin pérdida de tiempo se lanzaron contra los conjurados de Seth.
Estos, sorprendidos por el ataque, se metamorfosearon en gacelas, cocodrilos, serpientes, en fin, todos los animales impuros adictos a Seth.
La guerra no terminaba nunca; el combate continuaba sin que nadie resultara vencedor. Entonces los dioses hicieron comparecer a los dos rivales ante el tribunal y ambos aceptaron como árbitro a Toth, quien falló a favor de Horus.
Sin embargo
, esto no puso fin a la lucha. Horus y sus seguidores continuaron combatiendo contra Seth y sus cómplices, los horribles monstruos. Una de las batallas está relatada a lo largo de los muros del templo de Edfú.

Seth escapaba siempre, pero por fin sus compañeros lo abandonaron y huyeron. Horus salió en su persecución y acabó con todos ellos. Desde entonces Horus fue el dueño legítimo de la tierra de Egipto.
A pesar de todo, Seth no ha muerto, a cada hora del día, se reemprende el combate entre los seguidores de Horus, dios de la luz y los servidores de Seth, dios de las tinieblas. Y cada vez que el Sol triunfa sobre las tinieblas y sobre las nubes tormentosas, los hombres celebran la victoria del valiente Horus sobre el odioso Seth, el de las astucias inagotables.

TRANSPOSICIÓN PSICOLÓGICA DE LA LEYENDA DE OSIRIS

Algunos autores han querido ver en este relato simplemente la lucha entre dos clanes, el de Osiris y el de Seth, ubicados al norte y al sur de Egipto respectivamente.
Otros sostienen que “se ha demostrado que existe un Egipto mitológico con sus ciudades y santuarios, una nación celeste que no tiene ningún vínculo con el Egipto geográfico terrestre. Se encuentran estas geografías “místicas” en todas las tradiciones esotéricas y Egipto no es la excepción. La “Jerusalem Celestial” de San Juan es un ejemplo.
Independientemente de que haya tenido o no una filiación histórica, analizaremos desde el punto de vista psicológico la historia en cuestión. Para el efecto procederemos primeramente a reducirla a sus componentes fundamentales y luego a subrayar los aspectos más importantes del desarrollo de la acción.

ELEMENTOS DE REPRESENTACIÓN PSÍQUICA

Los elementos de representación psíquica para la explicación de esta leyenda son los siguientes:

OSIRIS
“Dios venerable, grande y bienhechor”. Civilizador y Maestro, heredero del Sol, fuente de sabidurías, generosidad y poder. Es el verdadero Ser en el hombre.

SETH
Junto a sus “demonios rojos” es el ego pluralizado. El traidor que usurpa el trono de Egipto, nuestra propia tierra psíquica, que por derecho le corresponde a Osiris.

HORUS
La esencia o conciencia libre, no prisionera del “Yo”, fortalecida por las potencias superiores. Pequeña y desvalida al principio, debe crecer y robustecerse para enfrentarse al enemigo. Su carácter espiritual, así como su potencialidad para “ascender a los Cielos”, es inherente a su condición de Halcón. Horus es el dios con cabeza de Halcón, el ave del Sol. El ave simboliza al espíritu. El espíritu santo cristiano bajo la figura de una paloma, el águila azteca, el cóndor inca o el pájaro de fuego indostán nos conducen al cielo infinito.

ISIS
La Madre Divina, siempre virgen. “Dios como madre es amor”: del auténtico amor nace y se nutre nuestra conciencia; sus fuerzas consiguen reintegrar los valores perdidos y dan el vigor e impulso para la lucha que se corona con la resurrección del Ser en el hombre.

ANUBIS
La justicia divina, la ley en nosotros: el verdadero sentimiento de lo correcto y lo incorrecto.

THOTH
El señor del Verbo y del buen juicio.

ACCIÓN

Para facilitar la comprensión y el desarrollo de la acción en el mito, la hemos dividido en tres puntos, a saber:

1) Seth, el impío, con el auxilio de sus cómplices, asesina al noble Osiris, rey de Egipto y usurpa el trono del país. El ego y los yoes “viva personificación de los defectos que nos caracterizan”, fraccionan la conciencia y obstruyen la expresión del Ser, adueñándose de casi todos nuestros procesos psicológicos.

2) Horus, el poderoso hijo de Osiris, reúne a aquellos que permanecen fieles a su padre, se enfrenta a los ejércitos de Seth y logra vengar a su padre, acabando finalmente con el traidor. La esencia, asistida por las fuerzas superiores, debe luchar sin desmayar contra “los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos” y erradicarlos de nuestra psiquis.

3) Osiris, nuestra verdadera naturaleza, el Ser, resucita glorioso de entre los muertos. Después de la muerte de los yoes que tienen encadenada nuestra conciencia, ésta, libre y resplandeciente, poderosa, puede retornar a su perdido origen cósmico.

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Este es el esquema general que las fuentes egipcias nos revelan en sus escenificaciones sagradas, núcleo de su religión. Un antiguo y precioso registro de este culto data aproximadamente del año 1869 a.C. y procede de la ciudad de Abydos.
“El dios al salir del templo caía bajo los golpes de Seth; se simulaban alrededor de su cuerpo los lamentos fúnebres, se le enterraba según los ritos; después Seth era vencido por Horus, y Osiris, a quien era dad la vida, volvía a entrar en su templo tras haber triunfado de la muerte”
La terrible muerte de Osiris a manos del traidor Seth era ampliamente conocida, y el pueblo compartía el dolor de Isis, la que en paciente y doloroso peregrinaje buscaba los restos de su amado esposo. Muchos himnos que aún se conservan se componen de los lamentos de la desdichada Isis y aquellos lugares que la tradición decía, había recorrido en su tortuosa búsqueda, lo mismo que los sitios donde se creían recogió los pedazos de Osiris, fueron convertidos en santuarios o lugares sagrados.
Mientras tanto el infame Seth y sus ejércitos usurpaban impunemente el poder en Egipto, así como los procesos psíquicos negativos reinan en nuestra vida, dominan nuestro espacio psicológico.
Entonces aparece Horus, la esperanza, el Ave del Sol, la conciencia solar. Reúne a sus seguidores y asistido por los dioses inicia la larga y terrible lucha contra las huestes del violento Seth. Guerra interior que parece interminable pero que termina cuando por fin Seth es vencida y sus ejércitos dispersados y exterminados.
Una vez plasmado el mito en el ritual, la enseñanza que los devotos egipcios recibían era radical: Seth, el ego, debía ser decapitado y sobre su cadáver resucitaría, poderoso, Osiris, el Ser.
Así nos lo muestra el famosos texto litúrgico conocido como “El Papiro Dramático de Rameseum” (1800 a.C.). Este invaluable documento es una especie de guión o libreto para una representación teatral de índole religiosa, basada en el mito de Osiris y Seth.
La decapitación de Seth y sus aliados era presentada en la liturgia quitándole la cabeza a un macho cabrío y a un ganso, animales impuros. Seguidamente estas eran ofrendadas a Osiris.
Osiris, como es conocido, es personificado por el pilar sagrado llamado Djed. El pilar Djed es Osiris mismo. Cuando la columna está tendida en el suelo, es el dios quien está muerto; cuando es ritualmente lazada, la deidad regresa a la vida, resucita. Este gesto ritual nos recuerda aquella frase de los evangelios cristianos que dice: “…y así como Moisés levantó la vara en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado”. Así como aquel otro que ofrece convertir en “columna” del templo a aquel que sea fiel a Dios.
Así pues, Osiris, El Ser, surge de nuevo a la vida. Retorna a la manifestación aplastando el cadáver de Seth decapitado. Primero hay que morir para nacer y hay que nacer para ascender. La virtud y la conciencia deben brotar de los cuellos cercenados de Seth y sus demonios, así como la flor de loto surge inmaculada de entre el fango y la podredumbre.
No es sino entonces cuando el hombre es capaz de recitar el Papiro Nu o confesión negativa. Como podremos ver, sólo el Ser resurrecto, la conciencia imperecedera que ha erradicado de sí cualquier defecto del ego, podrá recitar:

“¡Salve, Dios grande, Señor de la Verdad y de la justicia. Amo poderoso!: Heme aquí, llegado ante ti”.
“¡Déjame pues contemplar tu radiante hermosura! Conozco tu Nombre mágico y los de las cuarenta y dos divinidades que te rodean en la vasta sala de la Verdad-justicia, el día que se hace la cuenta de los pecados ante Osiris; la sangre de los pecadores les sirve de alimento”.
“Tu nombre es: “EL SENOR DEL ORDEN DEL UNIVERSO” cuyos dos ojos son las dos Diosas hermanas”.
“He aquí que yo traigo en mi corazón la VERDAD y la JUSTICIA pues he arrancado de él todo el Mal”.
“No he causado sufrimiento a los hombres. No he empleado la violencia con mis parientes”.
“No he sustituido la Injusticia a la justicia. No he frecuentado a los malos. No he cometido crímenes”.
“No he hecho trabajar en mi provecho con exceso. No he intrigado por ambición. No he maltratado a mis servidores. No he blasfemado de los Dioses”.
“No he privado al indigente de su subsistencia”.
“No he cometido actos exagerados por los Dioses. No he permitido que un servidor fuese maltratado por su amo”.
“No he hecho sufrir a otro. No he provocado el hambre. No he hecho llorar a los hombres mis semejantes”.
“No he matado ni ordenado matar. No he provocado enfermedades entre los hombres”.
“No he sustraído las ofrendas de los templos. No he robado los panes de los Dioses”.
“No me he apoderado de las ofrendas destinadas a los espíritus santificados. No he cometido acciones vergonzosas en el recinto Sacro-Santo de los templos”.
“No he disminuido la porción de las ofrendas. No he tratado de aumentar mis dominios empleando medios ilícitos, ni de usurpar los campos de otro”.
“No he manipulado los pesos de la balanza ni su astil. No he quitado la leche de la boca del niño. No me he apoderado del ganado en los prados”.
“No he cogido con lazo las aves destinadas a los Dioses. No he pescado peces con cadáveres de peces”.
“No he obstruido las aguas cuando debían correr”.
“No he deshecho las presas puestas al paso de las aguas corrientes. No he apagado la llama de un fuego que debía arder”.
“No he violado las reglas de las ofrendas de carne. No me he apoderado del ganado perteneciente a los templos de los Dioses”.
“No he impedido a un Dios el manifestarse. ¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro!”.
“He sido purificado como lo ha sido el gran Fénix de Herakleópolis”.
“Pues yo soy el Señor de la respiración que da vida a todos los Iniciados el día solemne en que el Ojo de Horus, en presencia del Señor Divino de esta tierra culmina en Heliópolis”.
“Puesto que he visto culminar en Heliópolis el Ojo de Horus, pueda no sucederme ningún mal en esta región, ¡oh Dioses! ni en vuestra sala de la Verdad-justicia. Pues yo conozco el nombre de esos Dioses que rodean a MAAT, la gran Divinidad de la Verdad-Justicia”.


Tomado del libro “Una visión antropológica del ego” de Estuardo Guzmán

 

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El Arquetipo de Orfeo

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El arquetipo de Orfeo y sus interpretaciones desde el orfismo hasta nuestros días
L. M. Almudena García Alonso  Juan José Prat Ferrer
La mayoría de la comunidad científica acepta la interpretación del mito como personificación de lo natural y como respuesta a las preguntas vitales más esenciales;sin embargo, cuando se efectúa un macroanálisis de su evolución en el tiempo, los argumentos son muy dispares. Esto es precisamente lo que ocurre con uno de los personajes míticos que con más fuerza ha influido en el desarrollo artístico y científico de Occidente, Orfeo. Su biografía ha sido transmitida al parecer desde antes los tiempos históricos más antiguos por una serie de misteriosos relatos míticos; el significado de estos relatos se ha tratado de desvelar una y otra vez, creándose de este modo una multiplicidad de significados que han servido para que hoy día se nos muestre como uno de los héroes más ricos en significado y a la vez más enigmáticos que la cultura occidental ha heredado del mundo helénico.
Orfeo y orfismo
La figura histórica de Orfeo, si es que este personaje existió alguna vez, quedo totalmente desdibujada en el proceso de transmisión oral de los relatos ya en laAntigüedad ágrafa. Los escritos que afirman su existencia histórica quedancronológicamente muy lejos del personaje, y por tanto no nos sirven como documentosque avalen su existencia real. De hecho, la antigüedad de este mito es tal que bien sepodría colocar en el Neolítico o quizá incluso antes de la llegada de la agricultura. Losescritos que afirman la existencia histórica de este héroe ya quedan cronológicamentemuy lejos del personaje, y por tanto no sirven como documentos que avalen suexistencia real. Pero más allá de la cuestión de su existencia histórica está la de si losgriegos creían en ella, pues en cuestión de religiones sobre todo, la verdad no es otracosa que un programa de creencias, y las verdades que se conforman al programa decreencias de una comunidad no son más que mentiras en otra
1
. El griego antiguo porlo general sí creía en que Orfeo había existido en la edad de los héroes, generacionesantes que Homero, pues participó en la expedición de los argonautas, que era dealguna región situada al norte de Grecia, y que conocía los secretos del mundo de losmuertos
2
. Pero lo que hoy nos queda de él se amolda a un arquetipo mítico-legendario;la imagen popular de Orfeo que la tradición nos ha legado es la de un músico
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prodigioso, capaz de amansar las fieras y mover los árboles con el poder de su música,pero hay otra imagen erudita, menos conocida en nuestros tiempos, la de un Orfeomaestro y fundador de un movimiento religioso. Los relatos mítico-legendarios quealrededor de estas dos imágenes se fraguaron fueron varios, y algunos de ellos, sobretodo el de la catábasis, han perdurado hasta nuestros días, ya sea en su versión cultao comercial o en la tradición popular europea. La interpretación que a estos relatos y ala figura de Orfeo se ha dado a lo largo de la historia ha variado según las ideologíasque han marcado las diferentes épocas. El profesor de estudios y lenguas clásicasRadcliffe G. Edmonds III afirma en su libro
Myths of the Underworld Journey
quePlatón, Aristófanes y los autores de los textos de las tabletas de oro órficas emplean elrelato de la catábasis para redefinir de manera mítica el ámbito que ocupaba lasociedad griega antigua. El mito como discurso agónico seguía vivo en la meta de estosautores; para ellos este mito no era ni dogma sagrado ni entretenimiento, sino unaherramienta muy flexible a la que se podía dar una gran variedad de usos. Por otraparte, la catábasis como instrumento pedagógico aparecía en múltiples formas, y cadauna de ellas revela un orden cósmico en el que queda reflejado el mundo que vivimos yqueremos construir
3
.En la Antigüedad, muchos griegos creían que Orfeo había sido el fundador deun tipo de religión que, al parecer, se expandió por todo el mundo helénico e influyósobremanera en el desarrollo de la religiosidad occidental. De hecho, es el primermovimiento religioso griego cuyo fundador se conoce. Las menciones más antiguas deél, del siglo VI a. C., ya lo dan como “famoso”. Una metopa del siglo VI de Delfos lorepresenta sentado en el Argos tocando la lira. Los mitos que sobre Orfeo setransmitían acabaron por convertirse en una literatura esotérica que reflejaba unateología particular, y estas creencias e imágenes de alguna manera participaron nosolo en el desarrollo de los cultos mistéricos, sino también en la formación delcristianismo primitivo, como se puede ver en la iconografía de las catacumbas deRoma, donde Orfeo es una figura cristológica
4
.Si Orfeo es un personaje de tan venerable antigüedad, no es de admirar que enél se acumularan con el pasar de los tiempos toda clase de elementos que hacen quelo que nos queda de él se nos presente a la vez como una contradicción y como unaunión de opuestos. Orfeo es el tipo de héroe contrario al cazador atlético y guerreromarcial; él es un poeta y un místico débil de cuerpo, pero con unas propiedadesintelectuales y artísticas, chamanísticas, que lo convierten en un ser superior.
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Orfeo
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es un personaje que procede del norte de Grecia, de la Tracia, tierra bárbara donde sedesarrolló el salvaje culto a Dionisios; al parecer nuestro héroe fue un reformador deeste culto introduciendo en él características procedentes del mucho más apaciguadoculto a Apolo, que procedía del Asia. Según una tradición, Apolo se hizo cargo de lostrozos de Dionisios tras haber arrojado a los titanes a una olla colocada sobre untrípode y cocerlos. El dios solar enterró el cuerpo de su hermano cerca del trípodedélfico. La inspiración del oráculo procedía del mundo de abajo, de la tumba deDionisios. Este era el dios oscuro, mientras que Apolo representaba la luz. Estoexplica por qué Orfeo daba culto al dios vivo de la claridad prefiriéndolo sobre el diosmuerto, y también el hecho de que las bacantes despedazaran el cuerpo del héroeadorador del sol
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. Orfeo es, desde luego, un poeta músico interesado en el éxtasismístico, cosa que lo conecta a Apolo, pero el culto que desarrolló se basaba en los ritos orgiásticos de Dionisios. Quizá la función del orfismo fue espiritualizar el salvajismodel ritual dionisíaco, dándole características apolíneas como el equilibrio y el sosiego.La poesía órfica, que desde muy temprano se encontraba unida a los misterios comoun elemento ritual de preparación para el éxtasis, es representativa del carácter delOrfeo; mientras que por su contenido es dionisíaca, por su forma es apolínea. Orfeo actúa, pues, como un puente entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre lo bestial y lodivino, y estas son, según Robert McGahey, precisamente las características delchamán.
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A este respecto, afirma el mitólogo rumano Mircea Eliade,
En efecto, al igual que los chamanes, Orfeo es sanador y músico; encanta y domina alos animales salvajes, desciende a los infiernos para rescatar a Eurídice; su cabeza cortada se conserva luego y sirve de oráculo, al igual que todavía en el siglo XIX se hacía con los cráneos de los chamanes yukagires.
Pero por otra parte, Anne Burton, editora de Diodoro Sículo, señala lanecesidad de separar la figura del Orfeo –seguidor de Apolo y plenamente identificadocon él–, que entra en conflicto con Dionisios, del orfismo, religión basada en el culto aDionisios
.Se debate cuál fue la naturaleza del orfismo; los datos que tenemos estefenómeno son muy fragmentarios. Podría haber sido una secta unificada cuyosmiembros se llamaban a sí mismos
chatharoi
(cátaros), es decir, “puros”, o unacomunidad religiosa con una estructura sacerdotal, teológica y ritual, o un grupo desacerdotes o chamanes vagabundos que practicaban una serie de ceremonias y ritos

EL PERFUME DE LA VERDAD

EL PERFUME DE LA VERDAD 
Lanza del Vasto. Prefacio a la primera edición del “Mensaje Reencontrado”, (1945)

La conjura de los imbéciles, de los charlatanes y de los sabios ha tenido un éxito perfecto.

Esta conjura tenía por objeto esconder la verdad.

Unos y otros han servido a esta gran causa, cada uno según sus medios: los imbéciles por medio de la ignorancia, los charlatanes por medio de la mentira, los sabios mediante el secreto.

Los imbéciles no quieren que se descubra la verdad. Sospechan, instintivamente, que les molestaría. Si les fuera mostrada, apartarían la mirada; si se les pusiera en la mano, la dejarían caer; si se les forzara a mirarla cara a cara, gritarían horrorizados y correrían a esconderse bajo tierra.

Los charlatanes no quieren que se descubra la verdad, porque arruinaría sus artificios, impediría su provecho y mostraría su vergüenza.

Los Sabios que poseen la verdad no quieren que se descubra. Siempre la han tenido oculta por cuatro razones.

La primera: saben que Saber es poder y quieren apartar de él a los indignos. Porque el Saber en el indigno se vuelve malicia y el Poder, peligro público y plaga. Por esto, las reservas de conocimiento acumuladas durante milenios en los templos de Egipto permanecían inaccesibles a quien no había pasado por todos los grados de purificaciones y pruebas. Más tarde, los filósofos desconocidos, los nobles viajeros, los alquimistas, se transmitieron de la misma manera los restos de la misteriosa herencia, es decir, de boca a oreja o, más bien, por la presencia y el ejemplo, en símbolos y enigmas; siempre bajo el sello del secreto. Si vivieron en la intimidad de las formidables fuerzas de la naturaleza, se guardaron mucho de hacer partícipes de ellas a los atolondrados.

¡Oh, Sabios que sabéis callar! ¿Dónde estáis? Merecéis que todos los seres vivos os proclamen su gratitud, ¡oh, Sabios!

¡Oh, Sabios que sabéis callar!, ahora hemos aprendido el valor de vuestra prudencia, la grandeza de vuestra humildad, la profundidad de vuestra caridad.

Ahora que a los profanos se les ha ocurrido adquirir y propagar tanta ciencia como pueden, ahora que se vanaglorian de sus descubrimientos con el mismo celo que vosotros habéis puesto en esconder los vuestros, hemos visto su resultado.

Sin embargo, ¡cuán pequeña es su ciencia, exterior, superficial, precaria y limitada!, y ya vemos su resultado.

Así, han envenenado las fuentes, minado la tierra, salpicado el cielo, trastornado y pervertido a los pueblos, corrompido la paz, deshonrado la guerra, y han suministrado al hombre de la calle tantos instrumentos de destrucción y de opresión que toda la familia de los seres vivos se ve amenazada, mientras continúa el progreso de este chancro.

La segunda razón de los Sabios para mantener oculta la Verdad, es que conocer es una operación de vida y una manera de nacer. Y nada puede nacer fuera de una envoltura. Una envoltura de carne o de corteza, de tierra o de misterio. Si abrís una semilla, ya no germinará; si abrís un lagarto para ver lo que hay dentro, sólo encontraréis el resto del cadáver y no lo de dentro del lagarto, su interior se ha ido, ya que el lagarto está muerto. De igual modo, la ciencia abierta, propagada y vulgarizada es ciencia muerta y fruto de muerte. Es un desierto de arena y no un puñado de simiente. Al permanecer exterior no puede ser profundizada, sino sólo extendida, y la vida se le escapa. No puede conducir a la conciencia, que es nacimiento a uno mismo, ni a la vida interior. En cambio, el conocimiento de los Sabios es una gaya ciencia que tiene sabor de alegría y soplo de espíritu. Y como todo ser vivo, aunque sea una mosca, defiende su forma y rehusa exhibirse.

La tercera razón de los Sabios para mantener oculta la verdad es su respeto por la dignidad del conocimiento. Ellos saben que ésta es la vía real que lleva al Dios de verdad. Ella ha de conducir a la contemplación, a la admiración de la naturaleza y a la adoración del creador.

Debe aportar la luz a las almas, la exactitud a los pensamientos y la justicia a los actos. Debe dar salud y salvación. Los Sabios la han defendido tanto como han podido contra los hombres vulgares, por temor a que fuera apartada de su fin, desnaturalizada y envilecida, cosa que no han dejado de hacer los hombres vulgares desde que le pusieron la mano encima. Le han dado la vuelta utilizándola. Se han servido de ella en lugar de servirla. Estaba aquí para librarles de sus deseos y ellos la han uncido al yugo de sus tareas, la han forzado a aumentar sus posesiones. Estaba aquí para darles la conciencia y de ella han sacado la máquina. Han cogido el cáliz para hacerse una hucha y el crucifijo para hacerse una maza. Han enganchado la ciencia a sus motores, la han aprisionado en sus bombas. Pero, demasiado astutos, han caído en su propia trampa, dejándose atrapar por el engranaje de la máquina. Ahora, ella les roe poco a poco en tiempo de paz y los devora a grandes bocados en tiempo de guerra. Los Sabios han hecho todo lo posible por evitarlo.

La cuarta razón de los Sabios para mantener oculta la Verdad es que aman la Verdad, y no hay amor sin pudor, es decir, sin velo de belleza. He aquí por qué no quieren descubrirla sino revelarla, es decir, recubrirla de un velo luminoso. Por esto sólo han enseñado con parábolas, para que quienes tienen oídos para no oír permanezcan apartados; pero también para que quienes lo merecen aprendan los tonos y las claves de la música total. Pues sus alegorías, sus fábulas y sus blasones no explican el encadenamiento mecánico de las apariencias, sino las afinidades secretas y las analogías de las potencias y las virtudes, las correspondencias del número con el sonido, de las figuras con las leyes, del agua con la planta, con la mujer y con el alma, del fuego con el león, el hombre armado y el espíritu, de los astros con los ojos, las flores y los cristales de los metales y de las gemas, de la germinación del oro en las minas con la de la verdad en el corazón del hombre. En sus oscuros textos, donde las recetas del Gran Arte están salpicadas de advertencias piadosas, las solemnes sentencias de alabanzas y plegarias, lucen los hilos que tejen el manto del Rey de Reyes.

Al ocultar los Sabios su saber por escrúpulo, los charlatanes se aprovecharon para esconder su ignorancia bajo los mismos signos misteriosos. Los imbéciles los han confundido largo tiempo creyendo tanto en unos como en otros.

Ahora, a medio camino entre los charlatanes y los imbéciles, ha surgido una nueva especie que asegura el triunfo definitivo de la conjura.

Esta nueva especie es la de los universitarios y sabios oficiales, que el día de su advenimiento declararon nulo y sin valor el misterio filosofal, quimera la búsqueda de los antiguos maestros, juego de niños su ciencia, engañabobos su arte. Los imbéciles instruidos por los nuevos sabios, han confundido una vez más a los sabios con los charlatanes, pero esta vez para no creer ni en unos ni en otros.

Sólo creen en la ciencia de los recién llegados, quienes simplemente enseñan que la verdad está en su ciencia y que todo lo que no pueden descubrir ni demostrar no existe.

Ahora bien, no han enseñado, ni descubierto, ni demostrado nada acerca de la vida y de la muerte, del pecado y del juicio. Nada acerca del amor, del dolor y del rescate, acerca de la conducta del hombre y del destino del alma, acerca del sentido, la esencia y la salvación. A medida que descubren nuevas nebulosas o nuevos electrones, nuevas vitaminas o nuevos explosivos, se alejan y nos desvían de lo esencial. Y ahora la verdad está tan bien escondida que ya no se la busca.

Incluso estaría totalmente perdida si no sobrevivieran algunos sencillos de espíritu para quienes la verdad existe. No pueden resignarse a pensar que nadie la tenga o la haya tenido. Recorren el mundo interrogando a la gente, los astros y las hierbas, interrogando el gran libro de la naturaleza y hojeando los textos olvidados, interrogando su corazón y a Dios en la plegaria. Saben que no tienen la verdad, pero saben que ella es. Están tan hambrientos y sedientos de ella que saben seguirla por el rastro y reconocerla por el olor. Ante un hombre difamado, un acontecimiento absurdo, un grimorio ilegible, se paran en seco y exclaman:

¡Aquí está!

Ellos saborearán este libro. Para ellos ha sido escrito, aunque su hermandad sea poco numerosa.

Y tú, Cattiaux, amigo mío, ¿has encontrado la Piedra?

Sentado en la tienda donde pintas y meditas entre filtros y frascos, ¿has encontrado el carbunclo y la violeta?

Sentado entre tu mujer y tu gato, Cattiaux, amigo mío, ¿has encontrado el oro vivo y el elixir?

¿Has visitado el interior de la tierra y, rectificando, encontrado la joya oculta y la verdadera medicina?

No sé ni puedo decir si la substancia de los antiguos textos se oculta en estas páginas. Pero ¿cómo es que en ellas se encuentra su perfume? ¿En qué huevo y en qué alambique, Cattiaux, amigo mío, has destilado la esencia sutil que se llama el Perfume?

¿De dónde viene esta poesía que tiene por nombre Perfume de Verdad?

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