La Simbología de los Arcanos | Carl G. Jung


Entender y leer el Tar
ot desde un ángulo psicológico permite una mayor comprensión del proceso interno por el cual atraviesa el consultante en una lectura. La naturaleza polivalente del símbolo –a diferencia del signo lingüístico– ofrece una enorme gama de posibilidades interpretativas en la lectura de Psicotarot, así como en su aplicación en el mundo del arte.

En esta aproximación a los Arcanos Mayores, a través de una óptica afín a la psicología de Carl G. Jung, pretendemos centrar la atención, a modo de ejemplo, en la relación entre ciertos arcanos y los arquetipos desarrollados por Jung. Asimismo, y a partir de un ejemplo práctico como Oráculos, obra sensorial del Teatro de los Sentidos, se esbozan las posibilidades creativas del Tarot, cuyo conocimiento puede ser profundamente fructífero para el artista-creador como mapa mítico y poético de los contenidos del alma individual y colectiva


Orland Verdu. Psico Tarotista y Profesor Universitario

Programa de Radio. Luces en la Oscuridad.

Espero que esto complemente la entrevista, ya que sigo pensando que se incidió en el aspecto futurológico en exceso, como poniéndome a prueba, pero es lo que menos me interesa del Tarot. He de decir, sin embargo, que en las lecturas esa perspectiva o aroma del futuro horizonte se percibe a veces con claridad. Cualquier ser humano con una mínima profundidad puede llegar a “olerlo” por los pasos que va dando en la vida. Si atiende a su intuición y se compromete con ello, uno puede sentir que está en el camino o destino… Pero esto es difícil de explicar para quien vive dormido en los laureles, atiborrado de seguridades y bienestar. La palabra destino tiene que ver con el sentido de “atinar”, “acertar”, como una flecha en su diana. No olviden el origen de las palabras, por impopular que sea, pues revela mucho de su significado último. El positivismo científico arraiga en la decepcionante premisa de negar todo aquello no comprensible, y por cierto que hace bien pues la ciencia ha de demostrar el orden de las cosas, pero no al precio de negar la realidad, como si la incógnita de un problema fuera suficiente para borrar el problema en sí. Esto: la negación, es algo que se observa por todas partes. Y no sólo en el terreno del conocimiento… Pero no sean científicos inquisitoriales… El buen científico siempre será un artista que, guiado por su intuición, intentará demostrar una intuición del alma. Ojo, con caer en la sinfonía desencajada del positivismo, un paradigma que por lo que se intuye en esta entrevista no tiene reparos en autoensalzarse; como si todo en la vida tuviera que ser lógico-matemático. Como si los caminos del alma, fueran “lógicos”. El lenguaje del alma, me temo señores, que es analógico y sigue principios imaginales que poco tienen que ver con la “lógica” del constructivismo, sino con la poesía. No en vano Jung decía que el ánima usa un lenguaje ronco, lírico. ¡Que pena que la poesía se lea tan poco! No es que sea mala, ni haya poco editado, o que se eduque mal, como si pudiera “educarse industrialmente a percibir la belleza”… Se trata sencillamente de que el ser humano no tiene la profundidad necesaria para percibir la belleza de las imágenes, pues la ciencia no repara en la belleza del mundo (belleza hecha de clarooscuros, por cierto) sino en la implacable búsqueda de respuestas que nos dejen tranquilos ante la incertidumbre de no saber. Y eso es la vida, por cierto. Ese es el “milagro”: cómo vivir rodeados del misterio, lo incierto, pero vivos. O rodeados de certezas tranquilizadoras pero muertos. Sólo hay que echar un vistazo al panorama social, político, educativo… para comprender en nivel de profundidad al que el humanoide moderno ha llegado con toda su tecnología y ciencia. Tengamos el valor de mirarnos; no hace ningún mal. Que poco hemos cambiado, en estos siglos. Dios ha muerto, decía Nietzsche. Yo creo que se ha disfrazo de científico, o lo han disfrazado los mismos que necesitan respuestas infalibles y fórmulas de felicidad -de felicidad light, digo. El caso es tener un dogma donde aferrarse. Y conste que la ciencia no es eso. Pero hay quien necesita dogmas para ser feliz. Al fin y al cabo, feliz significa en latín “ignorante”, el que no sabe. Y un ignorante que no sabe (ni quiere saber), se agarra a cualquier Dios, científico o gurú de turno. Yo creo que hay que ser valientes; hay que caminar. Y uno va a una lectura de Tarot a seguir caminando antes del último ocaso, porque la vida es un reto. No un respuesta definitiva a todos los enigmas: sino un reto que se forja con cada imagen del alma. La vida no es tanto un problema matemático, sino una obra de arte.

Orland Verdú